jueves 26 de febrero de 2009

La cara oculta de los supermercados. Esther Vivas

La cara oculta de los supermercados
Esther Vivas



La gran distribución comercial (supermercados, hipermercados, cadenas de descuento) ha experimentado en los últimos años un fuerte proceso de expansión, crecimiento y concentración industrial. Las principales compañías de venta al detalle han entrado a formar parte del ranking de las mayores multinacionales del planeta y se han convertido en uno de los actores más significativos del proceso de globalización capitalista.

Su aparición y desarrollo ha cambiado radicalmente nuestra manera de alimentarnos y de consumir, supeditando estas necesidades básicas a una lógica mercantil y a los intereses económicos de las grandes corporaciones del sector. Se produce, se distribuye y se come aquello que se considera más rentable, obviando la calidad de nuestra alimentación. Aditivos, colorantes y conservantes se han convertido en algo cotidiano en la elaboración de lo que comemos. En Estados Unidos, por ejemplo, debido a la generalización de la comida rápida, se calcula que cada ciudadano toma anualmente 52 quilos de aditivos, hecho que genera crecientes dosis de intolerancia y alergias. Lo publicitado como “natural” no tiene nada de ecológico y es resultado de procesos de transformación química. Nuestra alimentación, lejos de lo que producen los ciclos de cultivo tradicionales en el campo, acaba desembocando en una alimentación “desnaturalizada” y de laboratorio. ¿Sus consecuencias? Obesidad, desequilibrios alimentarios, colesterol, hipertensión... y los costes acaban siendo socializados y asumidos por la sanidad pública.

Los alimentos “viajeros” son otra cara del actual modelo de alimentación. La mayor parte de lo que comemos viaja entre 2.500 y 4.000 kilómetros antes de llegar a nuestra mesa, con el consiguiente impacto medioambiental, cuando, paradójicamente, estos mismos productos son elaborados a nivel local. La energía utilizada para mandar unas lechugas de Almería a Holanda, por ejemplo, acaba siendo tres veces superior a la utilizada para cultivarlas. Nos encontramos ante un modelo productivo que induce a la uniformización y a la estandarización alimentaria, abandonando el cultivo de variedades autóctonas en favor de aquellas que tienen una mayor demanda por parte de la gran distribución, por sus características de color, tamaño, etc. Se trata de abaratar los costes de producción, aumentar el precio final del producto y conseguir el máximo beneficio económico.

No en vano, según el sindicato agrario COAG, los precios en origen de los alimentos han llegado a multiplicarse hasta por once en destino, existiendo una diferencia media de 390% entre el precio en origen y el final. Se calcula que más del 60% del beneficio del precio del producto va a parar a la gran distribución. La situación de monopolio en el sector es total: cinco grandes cadenas de supermercados controlan la distribución de más de la mitad de los alimentos que se compran en el Estado español acaparando un total del 55% de la cuota de mercado. Si a éstas sumamos la distribución realizada por las dos principales centrales de compra mayoristas, llegamos a la conclusión de que solo siete empresas controlan el 75% de la distribución de alimentos. Esta misma dinámica se observa en muchos otros países de Europa. En Suecia, tres cadenas de supermercados tienen el 95,1% de la cuota de mercado; en Dinamarca tres compañías controlan el 63,8%; y en Bélgica, Austria y Francia unas pocas empresas dominan más del 50%.

Una tendencia que se prevé aún mayor en los próximos años y que se visualiza muy claramente a partir de lo que se ha venido en llamar la “teoría del embudo”: millones de consumidores por un lado y miles de campesinos por el otro y tan solo unas pocas empresas controlan la cadena de distribución de alimentos. En Europa, se contabilizan unos 160 millones de consumidores en un extremo de la cadena y unos tres millones de productores en el otro, en medio unas 110 centrales y grupos de compra controlan el sector. Este monopolio tiene graves consecuencias no solo en el agricultor y en el consumidor, sino también en el empleo, en el medio ambiente, en el comercio local, en el modelo de consumo.

Pero existen alternativas. En un planeta con recursos naturales finitos es imprescindible llevar a cabo un consumo responsable y consumir en función de lo que realmente necesitamos, combatiendo un consumismo excesivo, antiecológico y superfluo. En lo práctico, podemos abastecernos través de los circuitos cortos y de proximidad, en mercados locales, y participar, en la medida de las posibilidades, en cooperativas de consumidores de productos agroecológicos, cada vez más numerosas en todo el Estado, que funcionan a nivel barrial y que, a partir de un trabajo autogestionado, establecen relaciones de compra directa con los campesinos y productores de su entorno.

Así mismo es necesario actuar colectivamente para establecer alianzas entre distintos sectores sociales afectados por este modelo de distribución comercial y por el impacto de la globalización capitalista: campesinos, trabajadores, consumidores, mujeres, inmigrantes, jóvenes... Un cambio de paradigma en la producción, la distribución y el consumo de alimentos solo será posible en un marco más amplio de transformación política, económica y social y para conseguirlo es fundamental el impulso de espacios de resistencia, transformación y movilización social.

*Esther Vivas es coautora de Supermecados, no gracias (Icaria editorial, 2007) y miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS)-Universitat Pompeu Fabra. Artículo aparecido en Público, 25/02/09.

martes 24 de febrero de 2009

¿Nueva Visión sobre Afganistán?, de Mariano Aguirre

Este artículo apareció en EL CORREO, Bilbao, 23 de febrero, 2009.


¿Nueva visión sobre Afganistán?


Estados Unidos y los aliados de la OTAN están discutiendo nuevas forma de ocuparse de Afganistán. Washington ha anunciado que aumentará en 30.000 efectivos su presencia en ese país, pero casi nadie confía en que haya una solución solamente militar. Al mismo tiempo, en Europa se espera que Estados Unidos pida en breve un mayor compromiso con efectivos.

Siete años después de que Washington desplazara a los talibanes del poder y de que comenzara la iniciativa internacional para la reconstrucción del país, hay una opinión generalizada en medios de la Alianza Atlántica de que las políticas aplicadas, tanto en el terreno civil como en el militar, no han sido adecuadas y que es necesario revisar la estrategia futura.

Por un lado se discute poner más énfasis en el desarrollo y la denominada 'afganización', es decir, consolidar el poder del gobierno local. Por otro, hay cada vez más apertura a entablar negociaciones con algunos de los grupos insurgentes. Al mismo tiempo, se considera que no es posible encontrar una solución para Afganistán mientras no se adopte una perspectiva regional que empiece por Pakistán, pero incluya también a India y, en el medio plazo, a Irán, China y Rusia.

También en Afganistán hay una creciente sensación de malestar por verse incluidos durante años en la 'guerra contra el terror' del Gobierno de George W. Bush. Esto ha originado un fuerte rechazo hacia una intervención extranjera que en demasiadas ocasiones ha empleado la violencia de forma indiscriminada con la población, además del uso de la tortura. Un reciente informe de Naciones Unidas indica que las fuerzas del Gobierno y las extranjeras mataron a 828 personas en 2008, la mayor parte en ataques aéreos. Por su parte, los talibanes se cobraron 1.290 víctimas.

Un problema muy grave es la creciente deslegitimación, dentro y fuera, que tiene el presidente Hamid Karzai. Después de haber disfrutado un largo período de apoyo por parte de Estados Unidos y los donantes internacionales, Karzai es visto ahora como parte del problema debido a la inmensa corrupción que ha consentido, al igual que a la falta de decisión para adoptar medidas que confirmen su poder, y a su política de hacer pactos con líderes regionales o 'señores de la guerra'. A la vez, el presidente censura a la OTAN por los bombardeos que afectan a la población civil y las críticas a su gestión, que considera injustas.

Desde hace algunos años, el Gobierno de Karzai sólo controla Kabul y alrededores. La policía afgana es ineficaz y lenta, y el sistema judicial, ineficiente. En una conferencia reciente en Oslo, el ex representante especial de las Naciones Unidas para Afganistán, Lakhdar Brahimi, resumió la situación indicando que el país está asolado por «el narcotráfico, la corrupción, la erosión de la confianza, la inestabilidad, la violencia y una economía criminal».

Según Brahimi, se cometieron muchos errores desde 2001, entre otros, no haber dialogado entonces con los talibanes en vez de solamente expulsarlos del poder; no haber aumentado el número de tropas internacionales de la International Security Assistance Force (ISAF) para que controlaran el conjunto del territorio en vez de restringirse sólo a Kabul; haber dejado fuera de toda negociación a Pakistán cuando por razones geográficas, étnicas e históricas pueden ser considerados una sola entidad; y haber dejado que EE UU concentrara su esfuerzo en la operación Enduring Freedom para perseguir a Al-Qaida en vez de prestar más recursos a ISAF.

Estos errores se ampliaron con la estrategia de la OTAN de los Provincial Reconstruction Team (Equipos de Reconstrucción Provincial), que le quitan capacidad al Gobierno de Karzai. A su vez, los fondos comprometidos por la comunidad internacional no han sido entregados en su totalidad. Para Brahimi, además, no hay una estrategia sino múltiples estrategias extranjeras hacia Afganistán, y ésa es una de las principales equivocaciones.

El Gobierno de Barack Obama ha designado al diplomático Richard Holbrooke como enviado especial para Afganistán y Pakistán. Al mismo tiempo, el general David Petraeus, considerado el artífice de la mejorada situación de seguridad en Irak, está definiendo una nueva estrategia diplomática y militar, que combine un mayor control del territorio con una perspectiva regional. Holbrooke anunció días atrás que el proceso será muy largo y que Afganistán está muy lejos de un acuerdo de paz estilo Dayton, como el que negoció en los Balcanes en los años noventa. En su estrategia diplomática, Pakistán es el primer país clave.

os grupos insurgentes afganos tienen la zona sur de Pakistán como retaguardia. Asimismo, la ciudad de Quetta, capital de Baluchistán, por ejemplo, es una fuente de dinero y armas para los talibanes, según informes de la inteligencia de Estados Unidos citados por 'The New York Times'.

El problema es que parte del servicio de inteligencia y de las fuerzas armadas paquistaníes han visto a los talibanes con cierta simpatía ideológica y como instrumento para controlar Afganistán por razones geoestratégicas. Por lo tanto, estos elementos les han dado apoyo durante años para tener peso en Afganistán con el fin de que este país no caiga bajo la influencia de India.

El acercamiento de EE UU a India en los últimos años, y en particular la firma de un acuerdo sobre material nuclear entre estos países ha acrecentado el sentimiento de los militares paquistaníes en contra de Washington. El ex representante especial Brahimi considera que la presencia militar es imprescindible, pero que es preciso encontrar una 'ecuación diplomática' que incluya a los talibanes, ofreciéndoles una salida para la integración en la vida política, y una negociación regional. Y todo esto debería hacerse en el marco de las Naciones Unidas.

Para Washington y los aliados de la OTAN, el problema es que Afganistán se puede convertir en un nuevo Vietnam, que absorba cada vez más tropas, se ganen las batallas tácticas pero no se alcance una victoria estratégica, al tiempo que las opiniones públicas de cada país se vuelvan crecientemente contrarias a participar en esa guerra.

martes 17 de febrero de 2009

Conferència de Cynthia Cockburn, dijous dia 17 de febrer, a les set!

Conferència de Cynthia Cockburn
(investigadora i escriptora feminista, membre actiu de
la xarxa internacional antimilitarista Dones de Negre)

Amb motiu de la presentació del llibre:
Mujeres ante la guerra
de Cynthia Cockburn

Feminismes

Dijous 19 de febrer

A les 19,00 hores

Sala Gran (3a Planta)

Centre de Cultura de Dones Francesca Bonnemaisson




Per què hi ha tantes dones que es mobilitzen contra el militarisme i la guerra? I per què amb freqüència formen organitzacions només de dones? Aquest llibre, fruit d'uns 130.000 km de viatges durant un període de dos anys, examina l'activisme femení contra la guerra en llocs tan llunyans uns dels altres com Sierra Leone, Colòmbia o l'Índia. Ens mostra dones situades en costats diferents en els conflictes de la ex Iugoslàvia i d'Israel, dones que rebutgen el racisme, l'odi i la culpa col·lectiva, que treballen conjuntament en pro de la pau i la justícia. Aquesta obra descriu les xarxes internacionals que s'oposen tant al militarisme nord-americà com al d'Europa Occidental, i a la cridada «guerra contra el terrorisme» i el seu racisme subjacent.

Com en el corrent majoritari del moviment, entre les dones també hi ha diferències i debat sobre el pacifisme. Però a pesar d'aquestes diferents posicions i perspectives sobre la guerra, hi ha un feminisme coherent que sorgeix en aquesta campanya transnacional, i significa un salt analític radical: ja no podem entendre la guerra, i no podem fer una campanya efectiva en contra d'ella, sense tenir com a referència el poder i la violència de gènere.

Cynthia Cockburn, investigadora i escriptora feminista, viu a Londres on és professora visitant del departament de Sociologia de la City University, i membre actiu de la xarxa internacional antimilitarista Dones de Negre. És autora de nombrosos llibres sobre gènere i tecnologia, processos laborals i sindicalisme, i també sobre els canvis transformadors que es produeixen dins de les organitzacions i a través d'elles. Des de 1995 les seves investigacions s'han centrat en el gènere, en el context de conflictes armats i de processos de pau, especialment a Irlanda del Nord, Bòsnia i Hercegovina, Israel/Palestina i Xipre.

lunes 16 de febrero de 2009

Decrecimiento sostenible, un artículo de Joan Martínez Alier

El diario Las Provincias publicó este artículo el día 8 de febrero de Joan Martínez Alier, autor de Icaria. Lo reproducimos en su totalidad.

La crisis económica actual ha puesto a John Maynard Keynes de moda porque existe capacidad industrial en las economías occidentales que no se aprovecha. Ante el aumento del desempleo, la receta adecuada es un mayor gasto público. Así habrá dinero para cambiar de automóvil y comprar el exceso de viviendas que deprime la industria de la construcción en Estados Unidos, en Reino Unido y en España. Keynes quería que la economía saliera de la crisis de 1929. Dijo explícitamente que lo que ocurriera a largo plazo, una vez la economía se recuperara de las dificultades, no le importaba. Fueron economistas posteriores como Harrod y Domar los que convirtieron el keynesianismo en una doctrina de crecimiento económico a largo plazo. Más tarde llegaron o resucitaron los neoliberales como Hayek, quienes aseguraron que el mercado sabía mucho más que el Estado. Ahora estamos escuchando a banqueros que piden que nacionalicen sus bancos, por favor. Estamos viendo la resurrección de Keynes (o su reencarnación en Krugman y Stiglitz). Pero podemos preguntarnos, ¿un Keynes de corto plazo, para salir de la crisis, o un Keynes también de largo plazo para seguir una senda virtuosa de crecimiento económico?

Es ahí donde entra la actual crítica de la Economía Ecológica. El crecimiento económico se ha basado en la energía del carbón, el petróleo y el gas natural. Parece aconsejable un keynesianismo verde que aumente la inversión pública en conservación de energía, en instalaciones fotovoltaicas, en transporte público urbano y rehabilitación de viviendas, en agricultura orgánica. Pero no lo parece continuar en la fe del crecimiento económico. En los países ricos debe darse un ligero decrecimiento económico que sea socialmente sostenible. Debemos entrar en una transición socio-ecológica. La economía ha de decrecer en términos de materiales y de consumo energético. Existe ya un acuerdo social en Europa para que las emisiones de dióxido de carbono se recorten un 20% con respecto a las de 1990, pero lo que no se había previsto es que, de hecho, al decrecer el PIB esas emisiones ya están disminuyendo.

Pero no sólo hay razones ecológicas para el decrecimiento. Hay psicólogos que han averiguado que la felicidad no aumenta con el aumento del PIB per cápita. Mejor dicho, sí que aumenta a niveles muy bajos, pero no después. Ahora bien, el decrecimiento económico provoca dificultades sociales que hemos de afrontar para que la propuesta antes citada pueda ser socialmente aceptada. Si la productividad del trabajo (por ejemplo, el número de automóviles que un trabajador produce al año) crece el 2% anualmente pero la economía no hace lo propio, eso llevará a un aumento del desempleo. La respuesta ha de ser doble. Los aumentos de productividad no están bien medidos. Si hay sustitución de energía humana por energía de máquinas, ¿los precios de esta energía tienen en cuenta el agotamiento de recursos, las externalidades negativas? Sabemos que no es así. Además, hay que separar el derecho a recibir una remuneración del hecho de tener empleo asalariado. Esa separación ya existe en muchos casos (niños y jóvenes, pensionistas, personas que perciben el seguro de desempleo), pero debe ampliarse más. Hay que redefinir el significado de 'empleo' -teniendo en cuenta los servicios domésticos no remunerados y el sector del voluntariado- y hay que introducir o ampliar la cobertura de la Renta de Ciudadano o Renta Básica.

Cabe plantear otra objeción. ¿Quién pagará la montaña de créditos, las hipotecas y la deuda pública si la economía no crece? La respuesta debe ser que nadie. No podemos forzar a la economía a crecer al ritmo del interés compuesto con que se acumulan las deudas. El sistema financiero debe tener reglas distintas de las actuales. En Europa y Estados Unidos lo que es nuevo no es, pues, el keynesianismo, ni tan sólo el keynesianismo verde. Lo nuevo es el movimiento social por el decrecimiento sostenible. La crisis abre expectativas para nuevas instituciones y hábitos sociales. El objetivo en los países ricos debe ser vivir de forma óptima dejando de lado el imperativo del crecimiento económico.



* Catedrático del Departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona

viernes 13 de febrero de 2009

En Israel no se habla de las personas que viven en Gaza

Michel Warschawski, referente del movimiento antisionista y autor de Icaria
"En Israel no se habla de las personas que viven en Gaza"

Alberto Pradilla-Aritz Intxusta.
02-02-2009, Gara

Nacido en Estrasburgo pero instalado en Israel, es un referente del movimiento antisionista que trabaja dentro del propio Estado hebreo. En su larga trayectoria ha denunciado la concepción de Israel como estado exclusivo para judíos y alerta de la deriva ultraderechista de la sociedad israelí.

«Tras lo de Gaza, hemos logrado que cualquier persona desde Marruecos hasta Irak nos considere bárbaros», afirma Michel Warschawski en la entrevista a Alberto Pradilla y Aritz Intxusta, colaboradores de GARA en Palestina. Con una amplia trayectoria en organizaciones de izquierda, analiza las repercusiónes de la ofensiva y la respuesta la sociedad israelí.

¿Cómo valora la masacre que el Ejército israelí ha provocado?

El comportamiento político y militar fue terrible. No es la primera vez que el Ejército israelí ataca a civiles, que provoca masacres. Pero palabras como las de Tzipi Livni, que afirmó haber demostrado que «somos capaces de volvernos locos», rompen la evolución anterior. Esto es muy peligroso. El Estado ha demostrado que no tiene límites, que no le importa matar a cientos y cientos de personas.

La fecha elegida tampoco es casualidad. Las elecciones se celebrarán el 10 de febrero.

Es obvio que Israel utilizó los últimos días de George W. Bush y de su gobierno conservador antes de la llegada de Obama, que podría hacer otro tipo de política en la zona. También hay que tomar en cuenta que tenemos elecciones, aunque no es una cuestión determinante. Sí ha existido una competición entre los diferentes líderes israelíes para ver quién era el más duro, el más cruel. Es un debate estúpido, ya que en esta carrera no ganará nadie salvo la extrema derecha. Cuando se pone en marcha una carrera a ver quién alcanza mayores cotas de brutalidad, siempre ganarán los políticos más brutales.

Pero las encuestas han mostrado un apoyo unánime de la sociedad israelí a la guerra. ¿No han seguido estos grupos las líneas que les marcaba su propia ciudadanía?

Sí. Esta es una pregunta real para la que no tengo respuesta. En ninguno de los conflictos en los que ha entrado Israel desde 1992, salvo éste, ha habido un consenso nacional. Ni en la guerra de Líbano, ni en la segunda Intifada. En estos conflictos, quizá no de forma inmediata, pero progresivamente se creó una fuerte oposición. A pesar de que al principio todos los partidos y organizaciones las apoyaban, rápidamente se produjo una división. Por el contrario, ahora hay unanimidad a la hora de apoyar esta agresión. Tenemos consenso nacional en practicar una violencia unilateral sobre una población. Recientemente, apareció un artículo en «Haaretz» en el que se preguntaba por qué se está hablando de una guerra si no tenemos enemigo, no tenemos a otro ejército en frente. Es una broma macabra. Esto no es Líbano, donde caían misiles, ni como en los 90, cuando teníamos suicidas en Jerusalén. Ahora no hay nada de eso, salvo estos Qassam ridículos, que nadie puede tomarlos en serio, salvo los que viven en Sderot. Pero a pesar de todo, tenemos consenso nacional.

Pese al giro hacia la derecha en Israel, ¿cómo se puede mantener el apoyo a una agresión después de ver las imágenes de destrucción que llegan de Gaza?

Para Israel, desde hace tiempo, Gaza no es un lugar donde viven un millón y medio de niños o estudiantes. Gaza es una entidad hostil. De este modo, no se ataca a individuos o ciudades, se ataca a un ente. Los israelíes no hablamos de las personas que viven en Gaza. Esto es muy importante para entender la conciencia colectiva. Cuando Isaac Rabin dijo que soñaba con que Gaza se hundiese en el mar, estaba expresando exactamente esto. Gaza es una abstracción. De este modo no piensas. Evitas una serie de reacciones humanas ante la masacre, porque para ti Gaza es un monstruo.
Volviendo al período electoral, lo cierto es que las encuestas dicen que la masacre ha ayudado a subir a los laboristas, que habían perdido buena parte de su apoyo después de la guerra del Líbano contra Hizbullah.
Puede pero quien de verdad va a salir beneficiado es Lieberman [ultraderecha], el mayor defensor de la violencia, del no compromiso y del unilateralismo. El que está más a la derecha es el que va a ganar más terreno. Si Livni o Barak intentan hacerse pasar por semejantes a Lieberman, la gente preferirá votar a éste y no a las copias.

¿Qué consecuencias cree que tendrá para la región un ataque de estas dimensiones?

Se trata de un punto de inflexión. El uso de la brutalidad intencionada, de la crueldad, de algo que choca con la ley internacional o la conciencia humana. No podemos subestimar lo que ha supuesto Gaza. No es Sabra y Chatila. Ahora es una masacre planificada políticamente, preparada. Esto es importante no a nivel de Livni o Barak, sino al de la opinión pública. Toda la sociedad israelí lo ha aceptado. Y esto tiene mucho significado. Incluso durante la Intifada, la sociedad decía: «Bueno no está bien, pero no teníamos otra opción». Pero ahora, tenemos una sociedad, con todas sus expresiones políticas excepto una pequeña minoría, que ha apoyado la masacre. Esto supone un nuevo desafío. Descubrir cómo hemos llegado hasta este punto no es complicado. Lo difícil es saber cómo cambiarlo. La política de la masacre acaba con las posibilidades de existir para Israel, entendido como Estado o como sociedad. Espero equivocarme, pero mi sensación es que hemos cerrado la puerta a que el mundo árabe nos acepte. En los últimos 20 ó 30 años, pese al conflicto con los palestinos, ha estado dispuesto a aceptarnos tapándose la nariz, diciendo «vale, os habéis establecido aquí, no nos gustáis, pero vamos a mirar hacia adelante y no hacia atrás. Tomad vuestro Estado, dadles a los palestinos Gaza y Cisjordania y quedaos el resto». Era una oferta muy generosa. Pero tras lo de Gaza, hemos logrado que cualquier persona desde Marruecos hasta Irak nos considere bárbaros. Hemos devuelto el discurso de los países árabes al de hace 30 años, cuando decían «volved a vuestro país de origen, a Europa, a donde queráis». No somos buenos vecinos, no podemos serlo. Somos animales y a un animal tratas de sacarlo fuera. Por eso, tengo miedo de que pueda crecer la beligerancia, que sea un «eres tú o nosotros».
Aunque han existido movilizaciones contra la agresión dentro del propio Israel, da la sensación de que no han tenido la fuerza de anteriores ocasiones.
En el movimiento por la paz en Israel ha existido siempre una división entre el mainstream, más moderado, conectado con las posiciones del Meretz [izquierda], que siempre apoya los ataques al principio para luego rechazarlos, y la parte más radical, más movilizada, con una posición más clara contra la ocupación y el muro. Desde 1992, la parte más radical empieza a moverse antes y empuja, pone en marcha al mainstream. Lo que ocurre desde 2000 es que la izquierda más radical es activa, organizada, unida, visible en los medios, pero no hay rueda grande. No existe un movimiento como el que era Peace Now. Somos importantes en términos de protesta, pero no de impacto en las decisiones para un proceso de paz. Desde finales de los 80 hasta 2000, hubo un proceso de crecimiento y legitimación de las posiciones críticas. Pero desde entonces, estamos en una situación de declive. La mayoría de la opinión pública ha vuelto al consenso nacional y apoya el discurso oficial. La desaparición de Peace Now, que era un movimiento de masas, es un ejemplo . La última protesta apenas convocó a unos pocos centenares de personas. Este movimiento ha sido completamente erradicado por su propia política de apoyar y luego rechazar.
¿Cómo se vive esa situación desde la posición más de izquierdas, teniendo en cuenta las características que conforman la actual sociedad israelí?
Existe un sentimiento de aislamiento, aunque no de represión. No podemos decir que estemos reprimidos, salvo en contados casos. Se hacen muchas acciones, manifestaciones... aunque lo más característico de nuestra posición en la sociedad es el aislamiento.

Para las próximas elecciones, ¿habrá algún grupo que represente estas posiciones?

Los partidos árabes, que serán la voz que se opondrán a la ocupación, la colonización y el muro.
Pero el resto de partidos, unidos en el Comité Electoral, trató de dejarlos fuera.
No es nuevo. Ocurre en todas las elecciones. Los partidos tratan de deslegitimar la presencia de los partidos árabes y la Corte Suprema rompe su decisión. Este tribunal trata de mantener la ilusión de la democracia. El Estado dice: «Somos un Estado Judío y estos partidos son diferentes», y la Corte responde que también somos una democracia. Israel vive en una permanente contradicción. De este modo, la Corte está tratando de hacer un equilibrio entre el carácter judío del Estado y la apariencia de democracia.

Usted siempre se ha manifestado muy crítico con el concepto de un Estado para judíos, ¿qué supone esta caracterización?

Existen muchas definiciones pero, en general, se entiende como común denominador para religiosos, laicos, izquierdistas, que este Estado es propiedad de una única comunidad, la judía. Luego viene la discusión sobre si otras comunidades deben ser aceptadas. Tenemos los mismos derechos civiles, pero no el mismo derecho de propiedad ya que el Estado pertenece únicamente a un grupo: Los judíos. La otra comunidad, la árabe, podrá tener más o menos derechos, pero éste es el Estado de los judíos de Israel y para los sionistas. Mi rol como israelí es desafiar la idea de un Estado étnico: es inaceptable.

¿Es optimista? ¿Cree que ésta concepción del Estado puede cambiar entre la población?

No en un futuro próximo. La gran mayoría de israelíes creen profundamente en su propiedad sobre esta tierra y sobre este Estado sólo para los judíos. Es como decir, «nosotros somos los propietarios y vosotros los invitados» (sobre los árabes israelíes). Os podemos dar unos derechos pero, en el fondo, sois nuestros invitados. Lo que debemos preguntarnos es si Israel es parte del entorno o un elemento extraño que impone su política.

miércoles 11 de febrero de 2009

Una perla en Madrid, este jueves en La escalera de Jacob






Estamos muy contentos de presentar el poemario de Julio Reija, Perla provocada, de la muy querido colección de poesía de Icaria. Podréis encontrar más información sobre el libro y otros recitales de presentación en el blog Perla provocada.




Puntos de venta del libro, aquí.

lunes 9 de febrero de 2009

Gaza, crims de guerra? Xerrada interessant, aquest dijous.

La Comissió de Defensa del Col·legi d’Advocats de Barcelona us convida a la xerrada:


GAZA, CRIMS DE GUERRA?



Amb:


Gonzalo Boyé, advocat de la querella contra Israel aceptada per l’Audiència Nacional
Salah Jamal, escriptor, membre de la Comunitat Palestina a Catalunya
Rafael Escudero, professor de Filosofia del Dret, autor de Segregados y recluidos. Los palestinos y las amenazas a su seguridad"




Dijous 12 de febrer de 2009, 19.30 hores ·

Aula 72 Il·lustre Col·legi d’Advocats de Barcelona • Mallorca, 283




Organitza: Comissió de Defensa dels Drets de la Persona del Col·legi

martes 3 de febrero de 2009

Foro Social Mundial, la hora de la verdad. Esther Vivas

Adjuntamos este pequeño texto resumen que nos ha hecho llegar nuestra amiga Esther Vivas, que ha asistido a la 9ª edición del Foro Social Mundial (FSM) que se ha celebrado en Belem.

Foro Social Mundial, la hora de la verdad
Esther Vivas

La crisis sistémica del capitalismo con sus múltiples facetas, financiera, energética, social, ecológica, alimentaria... y su incapacidad para garantizar una vida digna a la mayor parte de la humanidad y un respeto al medio ambiente ha marcado de lleno la 9ª edición del Foro Social Mundial (FSM). Un contexto que pone de relieve la necesidad urgente de plantear alternativas radicales, en el sentido de ir a la raíz de los problemas, y emancipatorias al sistema capitalista.
El impacto de la crisis obliga a profundizar en la crítica y a movilizar a favor de unas propuestas que pongan en el centro de la política y de la economía a las personas y al ecosistema. Las alternativas surgidas en el marco del FSM apuntan en esta dirección: garantizar la soberanía alimentaria y energética; nacionalizar la banca sin indemnización y bajo control social; retirada inmediata de las tropas de ocupación y desmantelamiento de las bases militares extranjeras; reducción del tiempo de trabajo sin disminución del salario; derecho a la tierra y a una educación y a una sanidad pública, entre otros.
Quince años después del alzamiento zapatista en Chiapas y a casi diez de la eclosión de este nuevo internacionalismo de las resistencias en Seattle, se ha evidenciado la necesidad de ir más allá en los debates estratégicos y repensar la relación entre la acción política y la acción social. En la medida en que las resistencias a la globalización encontraban dificultades ante la profundización de las políticas neoliberales, en que el crecimiento lineal del movimiento se desvanecía, en que se planteaban nuevos retos frente al cambiante contexto político y económico, como señala el filósofo Daniel Bensaïd, se ha dado, en estos últimos años, un retorno de la “cuestión política”. Así ha quedado reflejado en esta edición del FSM.

*Esther Vivas es activista, coautora del libro “El futuro del Foro Social Mundial” (Icaria editorial, 2008) y miembro de la redacción de la revista Viento Sur (www.vientosur.info).Artículo aparecido en Público, 01/02/09.