jueves 30 de septiembre de 2010

El sexo de la crisis, una reseña en Babelia del libro "Desiguales"

En el suplemento cultural Babelia de El País, apareció esta reseña sobre Desiguales, de Lina Gálvez y Juan Torres, publicado por Icaria. La reseña la firma Celia Amorós.


El trabajo de los varones se ha feminizado sin que el de las mujeres se haya masculinizado en el sentido de conferir autonomía y todo lo que ella implicaba


Se ha afirmado que en esta crisis las mujeres hemos salido mejor paradas que los varones a la hora de conservar nuestros empleos. Pero las cosas parecen más complejas. Tengamos en cuenta, en primer lugar, que esta crisis es ante todo una crisis financiera y que en ese vidrioso territorio las mujeres o bien estamos ausentes o patinamos. Somos unas marcianas en los ámbitos de Wall Street. Y hemos sufrido diferencialmente la "depredación financiera" que se ha llevado a cabo contra los grupos más vulnerables: se nos ha obsequiado de forma preferencial con "hipotecas basura", sobre todo a las mujeres de mayor edad y a las afroamericanas. A las analfabetas en esotéricos lenguajes financieros, pues los funcionarios de la banca se comportan como los escribas del capitalismo. Y, en los extraños casos en que se nos promociona para debatirnos con los galimatías y los riesgos de la situación, parece que se ha podido constatar que se trata de una promoción "perversa", de un regalito envenenado: vamos a parar a los puestos más vulnerables a la crítica. Últimamente se está estudiando este tipo de fenómeno que, por analogía con el "techo de cristal", se ha dado en llamar "acantilado de cristal" (glass cliff).

En países menos desarrollados donde una parte significativa del empleo femenino se concentra en industrias dedicadas a la exportación, como la textil, la de los electrodomésticos, las electrónicas, se han visto especialmente afectadas por la contracción del comercio internacional. Y, en lo que yo llamo "la pinza patriarcal", las mujeres van al mercado de trabajo a la pata coja condicionadas por las necesidades de la familia y, a su vez, su capacidad de negociación en la familia se ve afectada por la precariedad de su trabajo. El incremento del empleo femenino, desde esta óptica, no sería sino el reflejo del hecho de que las mujeres acceden al trabajo remunerado con un carácter subsidiario y "compensatorio" cuando se pierde el de los hombres. Si se rifan trabajos precarios y a tiempo parcial, es sabido que las mujeres tienen todos los boletos.

Richard Gordon se ha referido al trabajo de la era de la globalización como al "trabajo doméstico fuera del hogar": tanto para hombres como para mujeres, pero en especial para éstas, mantiene todas las características del tradicional trabajo doméstico: flexible, sin derechos... El trabajo de los varones se ha feminizado sin que el de las mujeres se haya masculinizado en el sentido de conferir autonomía y todo lo que ella implicaba. Se ha podido señalar de este modo un "doble fenómeno de naturaleza contradictoria": se ha facilitado la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado pero, en el contexto de las políticas neoliberales, Lourdes Benería ha podido señalar que esa feminización "ha ido vinculada al deterioro de las condiciones de trabajo y como parte de una carrera para reducir los costes al mínimo".


Desiguales. Mujeres y hombres en la crisis financiera. Lina Gálvez y Juan Torres. Icaria-Antrazyt. Barcelona, 2010. 160 páginas. 16,50 euros.

martes 28 de septiembre de 2010

¿Para qué una huelga general?

¿Para qué una huelga general?


Juan Manuel Aragüés, El Periódico de Aragón
Publicado en Rebelión, 26.6.2010


En un país como el nuestro, con una democracia de tan baja intensidad, con nula cultura de participación, gracias, en buena parte, a una dictadura de cuarenta años, con un tejido social muy débil, parece que se hace necesario explicar para qué sirve una huelga general. Especialmente cuando ya empiezan a machacarnos con argumentos tan peregrinos como que una huelga general no servirá para sacar al país de la crisis. Díaz Ferrán, ese dechado de amor a la patria, paradigma de empresario, crisol de virtudes, ejemplo de esfuerzo en el trabajo (¿cómo si no iba a amasar su considerable fortuna, sino trabajando muchas más horas que el resto de los mortales?), ya nos ha advertido, preocupado por el bienestar general, que una huelga es lo que menos conviene a nuestro país.

Habrá que coincidir con ciertas voces, en efecto, en que una huelga no va a servir para sacar al país de la crisis. Sin duda, como un libro no sirve para cascar nueces o un martillo no nos será útil para conectarnos a internet. Porque una huelga general no tiene ese cometido, entre otras cosas porque quienes la proponen y quienes la llevan a cabo no tienen los mecanismos para revertir una situación de crisis.

Dicho esto, dejando claro que quienes apoyamos una huelga general no lo hacemos pensando que vamos a sacar al país de la crisis de esa manera, ¿para qué, entonces, una huelga general? En este caso concreto, entiendo que la huelga no debe ir siquiera dirigida contra la reforma laboral propuesta por el Gobierno, sino que debe tener un objetivo mucho más serio y profundo: convertirse en voz de una ciudadanía que dice basta a un profundo proceso de agresión contra sus derechos sociales. Pues algo ha de quedar claro, y es que lo que nos jugamos en los próximos meses es que los verdaderos poderes que rigen nuestras vidas sepan a qué se enfrentan.

Si lo que van a tener enfrente es una ciudadanía movilizada, atenta a la defensa de conquistas históricas, o si se van a encontrar con un paseo triunfal, carente de obstáculos, en el que la reforma del mercado laboral y la rebaja del salario a los funcionarios no es sino un primer paso para posteriores medidas más profundas. El envite que nos hace el neoliberalismo más voraz se dirige al centro del estado de bienestar adquirido en Europa a lo largo del siglo XX, a nuestro sistema de salud, de educación, de pensiones.

Es decir, la huelga general tiene un objetivo fundamentalmente político, pues debe dejar claro a nuestros dirigentes políticos qué políticas no estamos dispuestos a aceptar. A los sindicatos, y ése es uno de los síntomas de su alejamiento de su cometido fundamental, recogido en sus propios documentos, la consecución de una sociedad más justa, la palabra "política" les provoca sarpullidos. Nada les inquieta más que una huelga que sea tachada de política, como se ha visto en otras convocatorias. Algunos entendemos que toda huelga es política, pues es una expresión de desacuerdo con decisiones políticas. Y en este caso, el objetivo político de la misma debería ser tomado como bandera. Porque, sin ninguna duda, hay otras políticas que las que se aplican, porque ese mensaje de que no se puede hacer otra cosa es el falso mensaje con el que ya nos martillean cada día para que asumamos el sacrificio quienes no hemos generado esta crisis, al tiempo que quienes la han provocado continúan aumentando sus beneficios. Claro que hay otras políticas, que implican la recuperación del control de la economía por los poderes democráticos, disputándoselo a las mafias económicas supranacionales, como el Fondo Monetario Internacional o el club Bilderberg, políticas que graven el flujo de capitales, que establezcan reglas del juego en el ámbito financiero, que adopten una fiscalidad progresiva, que socialicen los beneficios de bancos y cajas. ¿Quieren más propuestas? Hay muchas, muchísimas más. Y lo más curioso es que, probablemente, si se aplicaran esas medidas, además de salir de la crisis, el 80% de la población las encontraría razonables.

El problema es que quienes diseñan las políticas y quienes, a pesar de haber sido elegidos para representarnos, deciden someterse y arrodillarse ante sus señores, no están dispuestos a aplicar medidas que perjudiquen a esa exigua minoría que detenta el poder económico. Por eso, la batalla es política y la huelga general su instrumento indispensable. Si nos doblan el pulso, el capitalismo neoliberal más depredador nos saltará a la yugular. De nuestra respuesta depende que esa entidad difusa que es el mercado, carente de cualquier límite y control, se enseñoree de nuestras vidas y se imponga a la democracia o que sean las instituciones democráticas quienes tomen en sus manos las decisiones que afectan a la ciudadanía.

A eso debe contribuir una huelga general.

Juan Manuel Aragüés. Profesor de Filosofía de la Universidad de Zaragoza.

domingo 26 de septiembre de 2010

Con el G-20 y Obama, la banca gana, otro artículo de Hernández Vigueras

Juan Hernández Vigueras, miembro del consejo científico de ATTAC España y autor de Icaria, firma este artículo sobre la Tasa Tobin ( los políticos parecen haberse dado cuenta de su exsistencia hace bien poco) que fue publicado en Sistema digital.

En Toronto, la cuarta cumbre del G-20 sobre la crisis descartó la pretendida versión de la tasa Tobin para desilusión de las ONGs y movimientos sociales que habían tomado en serio las conclusiones del Consejo europeo del 17 junio y la carta de Merkel y Sarkozy al primer ministro canadiense. Pero este final era previsible para quienes no se dejan embaucar por la retórica de la UE y la desinformación o manipulación de algunos periódicos globales.

En noviembre pasado, ante los ministros de finanzas del G-20 en Escocia (St. Andrews) el entonces primer ministro laborista George Brown lanzaba la idea de un impuesto sobre las transacciones financieras. Pero esa idea había sido rechazada semanas antes por los banqueros de la City. Como el gabinete gubernamental la “vendió” bien, en los medios de comunicación se comenzó a jugar con el lenguaje de diversas propuestas y declaraciones, tergiversando los conceptos de tasa (levy) o precio público por un servicio; e impuesto (tax) o tributo o gravamen. Y el tema se fue enredando partiendo de las vagas menciones oficiales, confundiendo la propuesta de una tasa sobre la banca para cubrir financieramente sus futuras quiebras, con la propuesta de un impuesto sobre las transacciones financieras; dos propuestas muy distintas. Algo que alimentó otra nueva cortina de humo sobre la inoperancia intencionada del G-20. Y a lo que se apuntó Bruselas y, en particular, la canciller alemana y el presidente francés con su carta dirigida al primer ministro de Canadá, en la que se proponía una “tasa o impuesto” (sic) sobre las entidades financieras para compartir la carga de futuros rescates y prevenir el riesgo sistémico.

Y así llegamos al G-20 en Toronto, donde el domingo 27 junio se aceptaba que cada país pudiera aplicar una tasa recaudatoria que financiara la viabilidad de bancos en quiebra (algo similar al Fondo de garantía de depósitos que existe en España), pero se rechazaba cualquier impuesto sobre las transacciones financieras que penalizara la especulación global, es decir, se oponían a la vieja propuesta que popularizó Attac asumiendo las ideas del premio Nobel James Tobin. Pero la retórica de los gobiernos intentaba esconder los planteamientos meramente técnicos del G-20 que buscan asegurar el funcionamiento del sistema financiero mundial sin interferencias gubernamentales, sin tocar sus fundamentos políticos neoliberales que han llevado a la crisis y a los consiguientes recortes sociales. Y así se constata en la declaración oficial de Toronto que mantiene –dice – la agenda de la reforma financiera. Por lo demás, Canadá era solamente una etapa mediática previa a la próxima cumbre de Corea en noviembre, porque el G-20 ya se definió como únicamente un “foro”, que produce meras “declaraciones” que ni siquiera alcanzan el nivel de acuerdos políticos. Y como decía le Petit Prince, “el lenguaje es fuente de malentendidos”.

Curiosamente, al decir de algunos reporteros, el Presidente Obama llegó a Toronto casi arrogante, ufano por el acuerdo definitivo alcanzado el viernes en el Congreso estadounidense sobre sus propuestas de reforma financiera, que lograba días antes con el apoyo de la banca de Wall Street. Porque no se puede dudar que ha sido un éxito de los lobbys bancarios, como al día siguiente demostraron en la Bolsa neoyorkina las subidas de las cotizaciones de Goldman Sachs (3,5%), JP Morgan (3,7%), Bank of America (2,7%), Citigroup (4,2%) y otros bancos; al mismo tiempo que se producía una bajada de los valores industriales del Dow Jones.

Y es que mientras los planes de Bush para rescatar a la gran banca se sustanciaron en un par de semanas, estas escasas reformas han sufrido un largo proceso legislativo de año y medio. Desde febrero 2009, las propuestas de la Casa Blanca generaron dos proyectos de ley, aprobado uno en la Cámara de representantes y, paralelamente, otro en el Senado, que una comisión interpartidaria del Congreso ha refundido en el texto acordado, muy alejado de los discursos del Presidente. Un especialista del Financial Times señalaba que “Wall Street respira aliviado” y un editorial de ese periódico destacaba que no se hubiera tocado el tema crítico del apalancamiento, del endeudamiento desmesurado (leverage) que ha sido uno de los factores desencadenantes de la crisis mundial. Desde luego ha quedado fuera la parte mas seria de las propuestas presidenciales. Aparte de crearse una oficina para supervisar las hipotecas y las tarjetas de crédito, las normas que se impondrán sobre las apuestas de casino denominadas productos financieros derivados (un mercado mundial de más 600 billones –trillion- de dólares) no son nada estrictas, limitándose a requerir a los grandes bancos para que segreguen esas operaciones especulativas en filiales, aunque seguirán respondiendo de los riesgos de sus apuestas de casino.

En los EEUU, en círculos críticos se afirma que han sido los bancos los grandes ganadores. Y desde luego, la gran banca no muestra gran inquietud porque su influencia sobre Washington es sólida. Los principales actores del acuerdo en el Congreso tuvieron apoyo de Wall Street en la campaña electoral 2007-2008. Christopher Dodd, presidente del comité de banca del Senado, recibió legalmente 2,9 millones $ de la industria financiera, menos que el candidato Obama pero más que cualquier otro senador. Y esa misma industria fue el primer donante para Barney Frank, el presidente del comité de servicios financieros de la Cámara. Una muestra del peso político de Wall Street sobre Washington; con datos tomados del último libro de Simon Johnson, ex economista jefe del FMI y actual profesor del Instituto Tecnológico de Massachussets.-

(Publicado en Sistema digital-Semana 5-10 julio 2010)

viernes 24 de septiembre de 2010

La UE insiste, ante el G-20, sobre los paraísos fiscales. un artículo de Hernández Vigueras

Juan Hernández Vigueras – miembro del Consejo Científico de ATTAC España y autor de Icaria (1 y 2)— firma el siguiente artículo sobre la persistencia de los paraísos fiscales y la retórica ante las medidas a adoptar, que nunca llegan.

Aunque la retórica oficial lo oculta y los medios no lo suelen contar, la Unión Europea no tiene una representación conjunta ante el G-20 como no la tiene ante el FMI o el Banco Mundial. De ahí que siempre intente definir previamente posiciones compartidas por los gobiernos que forman parte y tienen representación en cada organización o foro.

Desde los EEUU, un miembro de la Red TJN nos ha remitido un interesante borrador del documento de preparación de la posición de la UE que se perfilará en la reunión de los viceministros del G-20 los días 4 y 5 septiembre próximos en Gwangju, una reunión preparatoria de la de los ministros de finanzas previa a la cumbre en Seúl de noviembre.

Denominado “marco de referencia” (terms of reference) este documento de 14 páginas ya negociado por los asesores técnicos, los “sherpas”, indica las líneas del debate para consensuar una posición común ante el G-20.

Lo primero que se percibe de su lectura es la posición escandalosamente blanda en todo lo que concierne a la tan traída y cacareada regulación financiera que no llega.

Lo segundo es que no encontramos ninguna referencia a aquellas propuestas de una tributación para las transacciones financieras; ¡pero ninguna!

El significado de esta omisión está claro: el déficit fiscal de los países europeos se continuará cubriendo con más recortes del gasto social en España y en los demás donde los toleren los electorados.

¿Alguien se acuerda de las pomposas declaraciones sobre la tasa bancaria y contra los paraísos fiscales, el secreto bancario, etc., de los Sarkozy, Merkel, Zapatero o Brown?

En este documento aparece que la mayor preocupación de los gobiernos europeos es su oposición a la reforma del FMI, manteniendo una posición conservadora de los votos que actualmente tienen los países europeos.

Y destaca un párrafo extenso dedicado a los que llamamos paraísos fiscales, que ahora se denominan “jurisdicciones no cooperantes”.

La EU considera que “el G-20 debe seguir esforzándose por completar el planteamiento triple hacia las jurisdicciones no-cooperantes (cubrir el intercambio de información fiscal, el antiblanqueo de dinero y la financiación contraterrorista y los estándares prudenciales de regulación y supervisión)”. Nada nuevo; todo seguirá igual.

Añade la petición al G-20 para que acuerde la publicación de una lista de las jurisdicciones que incumplan para finales de 2010 su compromiso de adhesión a las normas de intercambio de información fiscal, según diga el Foro de Estabilidad Financiera, un organismo cercano a la banca. Y las líneas restantes son solamente de apoyo retórico a lo que vienen haciendo los organismos internacionales relacionados con el lavado de dinero sucio, etc., que en el mejor de los casos es trabajo técnico de coordinación de las burocracias.

Pero nadie negará que este tipo de documento da mucho juego como guión de la retórica oficial contra los paraísos fiscales, la reformar financiera, etc., etc.

¡Como muestra el título de arriba!

miércoles 22 de septiembre de 2010

Depredadoras, S.A. Un artículo en El País sobre "La armadura del capitalismo"

Reproducimos a continuación la crítica que apareció el día 19 de setiembre en el apartado de negocios de El País, que habla del libro La armadura del capitalismo, de Alejandro Teitelbaum, publicado por Icaria.



El capitalismo nos mueve a su antojo, cual marionetas en su retablo, con hilos a veces visibles y a veces invisibles. Teitelbaum, con más datos que demagogia, aunque algo hay de ambos ingredientes en el guiso, muestra en este libro algunas de las tripas del tinglado que, aunque no las vemos, existen y conforman y condicionan nuestras vidas. Y algunos de sus peligrosos artilugios de depredación, en forma de multinacionales como las recogidas en esta obra.

No hay que ser necesariamente de izquierdas para reconocer la voracidad desenfrenada de estos grupos en la actualidad. Valga como botón de la muestra el testimonio franco y descarnado de Percy Barnevik. "Yo definiría la mundialización", dice el director ejecutivo de Asea Brown Boveri, "como la libertad para mi grupo de invertir donde quiere, el tiempo que quiere, para producir lo que quiere, aprovisionándose y vendiendo donde quiere, teniendo que soportar el mínimo de obligaciones en materia de derecho laboral y de convenios sociales"

"La armadura del capitalismo" denuncia, en suma, que muchas sociedades transnacionales, con el auspicio de unos gobiernos domesticados y sometidos a su voluntad, con independencia del país o del lugar en el espectro ideológico en el que se ubiquen, intentan someter el funcionamiento de la economía a su estrategia, y que esta no es otra que maximizar sus beneficios "apropiándose por cualquier medio del fruto del trabajo, de los ahorros y de los conocimientos tradicionales y científicos de la sociedad humana".

A través de datos históricos y actuales, en este libro se trata de comprender y demostrar que el efecto de las actividades de las transnacionales, en tanto expresión concentrada del capitalismo actual, está vaciando de contenido a la democracia representativa y que es además un factor de primer orden en la crisis política, económica, social, ecológica y cultural que afecta actualmente a la humanidad.

Este libro, como bien señalan en su prólogo el profesor Juan Hernández Zubizarreta y el investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) Pedro Ramiro, "no puede disociarse de la trayectoria profesional y siempre comprometida a favor de los derechos humanos" de su autor. "En los tiempos que corren", dicen los prologuistas, "no resulta fácil encontrar libros que aúnen el rigor académico, la claridad expositiva y, sobre todo, la idea fuerza que recorre todas sus páginas: un conjunto de propuestas que contribuyen a la transformación social en favor de las mayorías sociales del planeta".

Este trabajo de Teitelbaum, apuntan los prologuistas de la obra, desarrolla el estudio de las transnacionales sobre "la base de una valiosa información sobre aspectos económicos, jurídicos, políticos y sociales que, mediante una metodología pluridisciplinar, le permiten dibujar el panorama a que se enfrenta la sociedad actual. Y este análisis, que parte de una interpretación marxista de la realidad, se complementa con múltiples referencias, citas y ejemplos que resultan muy clarificadores e ilustrativos para comprender la dimensión de todos estos hechos".

Hay un error muy extendido que consiste en pensar que estas grandes corporaciones transnacionales son creadoras de empleo y, por tanto, de riqueza para una mayoría de población. En realidad, como revela el trabajo de Alejandro Teitelbaum, casi todas son empresas "fantasma" que concentran la actividad financiera y subcontratan o controlan la actividad productiva que realizan otras empresas más pequeñas; es decir, que lo único que hacen es apropiarse del valor creado por la economía real, generando dividendos para los accionistas. Esa apropiación contribuye, además, a empeorar las condiciones de trabajo en las empresas subcontratadas y a un reparto más desigual entre el capital productivo y el capital financiero, en detrimento del primero. -

viernes 10 de septiembre de 2010

Austeridad o estímulo frente a la crisis: la prueba de fuego

Austeridad o estímulo frente a la crisis: la prueba de fuego
Juan Torres López


Publicado en Sistema Digital el 2 de septiembre de 2010

Mientras que en Estados Unidos se está discutiendo la necesidad de poner en marcha nuevas medidas de ajuste y unas decenas de eminentes economistas, entre los que se encuentran varios premios Nobel, han firmado un manifiesto reclamando más estímulo gubernamental y créditos fiscales para "poner a América a trabajar de nuevo" (En http://bit.ly/9q9vOE), en Europa se vuelve al fundamentalismo de la estabilidad presupuestaria.

En ambas zonas se percibió hace unos meses que las tasas de crecimiento del PIB se recuperaban y más o menos al mismo tiempo los bancos y las grandes empresas volvieron no solo a tener altos beneficios sino a recobrar la influencia política y el poder de decisión de los tiempos anteriores al estallido de la crisis. La emisión de la deuda pública en mercados muy especulativos y oligopolizados en donde la banca y los grandes financieros tienen la última palabra les dio aún mucha más fuerza y así han podido imponer a los gobiernos medidas de ajuste con la excusa del efecto negativo de la deuda sobre el crecimiento.

Es una razón falsa para encubrir lo que ya se ha hecho en otros momentos y latitudes: utilizar la esclavitud de la deuda (ahora, como casi siempre, generada como resultado de una crisis que ha provocado la banca) para imponer medidas de ajuste que refuercen el poder de los bancos y grandes empresas y que creen mejores condiciones para la rentabilidad del capital.

Sabemos que con ellas no se va conseguir que la economía mejore porque se ha comprobado infinidad de veces que siempre que se han adoptado medidas de este tipo lo que ha ocurrido sin excepción es que la producción y el consumo se resienten y no que crezcan. Y así ocurrirá ahora con más razón porque ni siquiera es cierto que la economía se haya recuperado lo suficiente como para que el estímulo sea ya innecesario.

La prueba es que quienes la proponen no están en condiciones de ofrecer ni una sola razón consistente que justifique su bondad a medio y largo plazo. Las palabras del ministro alemán de Finanzas Wolfgang Schäuble para justificar un nuevo recorte del 80.000 millones de euros que supondrá nuevas pérdidas de salario y derechos sociales son patéticas y expresivas de su falta de argumentos serios: "En Alemania uno de los obstáculos más grandes para el crecimiento económico es la creciente incertidumbre de la gente en cuanto al déficit".

Para entender la naturaleza y las consecuencias que van a tener estos recortes (incluido, por supuesto, el español) hay que en cuenta algunas consideraciones elementales.

Primero, que no es cierto que las economías europeas hayan entrado en fase de recuperación porque las tasas positivas de crecimiento del PIB son bajas y solo el resultado del estímulo exógeno producido por el incremento anterior del gasto. En cuanto su efecto vaya despareciendo como consecuencia del recorte, la actividad comenzará a venirse de nuevo abajo.

Segundo que, incluso aunque siguiera creciendo notablemente el PIB (como ahora ha ocurrido en Alemania) durante dos o tres trimestres, no se puede identificar eso con una recuperación efectiva y que vaya a poder ser sostenida porque ésta no se podrá dar mientras no se produzcan cambios mucho más profundos en el modelo de crecimiento. La mayor parte del incremento de actividad que se ha producido como consecuencia del estímulo ha estado vinculada a sectores y actividades que reproducen la tónica anterior del crecimiento y que ha sido concausante de la crisis. Su pervivencia, unida a la ausencia de reforma financiera alguna, suponen, por el contrario, una amenaza bastante segura de que vuelvan a darse nuevos episodios de crisis a corto y medio plazo.

En concreto, mientras no se consolide la lógica productiva que finalmente vaya a imponerse no se podrá producir una recuperación efectiva y potente del empleo porque las empresas se enfrentan a una gran incertidumbre. Y ésta no tiene que ver nada con el déficit, como dice arteramente el ministro alemán, sino con la demanda y con las posibilidades efectivas de financiación. La enorme presión ejercida este verano por los constructores españoles para lograr que el gobierno limitara el recorte de gasto que les afecta (y, por tanto, completamente ajenos al mayor déficit que eso pudiera producir) es buena prueba de que ese ministro, y quienes defienden lo mismo que él, o no entienden nada de economía o no tienen reparos en engañar a la gente de la forma más descarada.

Tercero, que aún no se ha recuperado el flujo de financiación que requiere la actividad empresarial y el consumo, lo que significa que disminuir el gasto, cuando no hay empleo suficiente, cuando el beneficio de las grandes empresas no va a la inversión productiva sino que se utiliza para concentrar capital y controlar mercados o para alimentar la especulación financiera, y cuando hay déficit de capital social muy importante, no puede provocar sino que caiga de nuevo la actividad o que no se recupere a los niveles anteriores.

Finalmente, la actitud de los diferentes gobiernos europeos que ahora imponen recortes de gasto es equivocada porque no tienen en cuenta que si hay un prerrequisito fundamental de la recuperación es la adopción de medidas coordinadas a escala global.

Actuar con diferente orientación y velocidad, sin marcar un orden de escuadra apropiado es lo peor que se puede hacer si se quiere dar solución efectiva a los problemas propios y a los generales. Con el ajuste que llevan a cabo estos gobiernos para someterse a los intereses del capital más poderoso se están situando en la dirección contraria a la del resto de las potencias económicas y Europa va a pagar por ello un precio muy alto económica, social y políticamente. Van a garantizar beneficios a los bancos y a las grandes empresas pero a costa de reducir el mercado interno y de producir un empobrecimiento generalizado, no solo dentro de Europa sino en todo el planeta.

Además, pisar el freno del gasto cuando la economía justamente carece de demanda suficiente es reforzar la dinámica del ciclo, en lugar de contrarrestarlo, y sabemos perfectamente que esas medidas de ajuste aplicadas con carácter pro-cíclico tienen un efecto negativo aún peor, como se ha podido comprobar recientemente en Lituania o Irlanda.

Las políticas de austeridad que vuelven a imponer los fundamentalistas (los austerianos, como los denomina Paul Krugman) no son, pues, verdaderas respuestas a la crisis como se quiere hacer creer a la ciudadanía sino todo lo contrario, son un programa de ajuste más como los que en otras ocasiones se aplicaron en América Latina, África o Asía y que siempre provocaron menos crecimiento, más desigualdad y atraso económico.

Me gustaría equivocarme pero lo que va a ocurrir si los gobiernos europeos, y concretamente el español, siguen con estos recortes es que la actividad se va a resentir ya en este segundo semestre del año, que va a perderse más tejido productivo, que va a aumentar de nuevo el desempleo y la desigualdad y que va a producirse otro retroceso social sin otras contrapartidas que las que reciben la banca y la gran empresa.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de
Sevilla y miembro del Consejo de ATTAC España

miércoles 8 de septiembre de 2010

COMO OPERAR LA TRANSICIÓN DEL VIEJO PARA EL NUEVO PARADIGMA (Por Leonardo Boff)


COMO OPERAR LA TRANSICIÓN DEL VIEJO PARA EL NUEVO PARADIGMA
(Por Leonardo Boff)


Damos por ya realizada la demolición crítica del sistema de consumo y de producción capitalista con la cultura materialista que lo acompaña. O lo superamos históricamente o pondrá en gran riesgo la especie humana.

La solución para la crisis no puede venir del propio sistema que la provocó. Como decía Einstein:"el pensamiento que creó el problema no puede ser el mismo que lo solucionará". Estamos obligados a pensar diferente si queremos tener futuro para nosotros y para la biosfera. Por más que se agraven las crisis, como en la Eurozona, la voracidad especulativa no la enfria ni la arregla.

Lo dramático de nuestra situación reside en el hecho de que no disponemos de ninguna alternativa suficientemente vigororosa y elaborada que venga a sustituir el actual sistema. Ni por ello, debemos desistir del sueño de un otro mundo posible y necesario. La sensación que vivimos fue bien expresa por el pensador italiano Antônio Gramsci:"el viejo resiste en morir y el nuevo no consigue nacer".

Pero por todas las partes en el mundo hay una vasta siembra de alternativas, de estilos nuevos de convivencia, de formas diferentes de producción y de consumo. Se proyectan sueños de otro tipo de geosociedades, movilizando muchos grupos y movimientos, con esperanza de que algo de nuevo podrá eclosionar en la protuberancia del viejo sistema en erosión. Ese movimiento mundial gana visibilidad en los Fórums Sociales Mundiales y recientemente en la Cúpula de los Pueblos por los derechos de la Madre Terra, realizada en abril de 2010 en Cochabamba Bolivia.

La historia no es lineal. Ella se hace por rupturas provocadas por la acumulación de energías, de ideas y de proyectos que en un momento dado introducen una ruptura y entonces el nuevo irrumpe con vigor a punto de ganar la hegemonía sobre todas las otras fuerzas. Se instaura entonces otro tiempo y empieza una nueva historia.

Hasta que esto no ocurra, tenemos que ser realistas. Por un lado, debemos buscar alternativas para no quedar rehenes del viejo sistema y, por otro, estamos obligados a estar dentro de él, continuar y producir, sin embargo visualizar las contradiciones, para atender las demandas humanas. En caso contrario, no evitaríamos un colapso colectivo con efectos dramáticos.

Debemos, por lo tanto, andar sobre las dos piernas: una en el suelo del viejo sistema y a otra en el nuevo suelo, dando énfasis a este último. El gran desafío es como procesar la transición entre un sistema consumista que estresa la naturaleza y sacrifica las personas y un sistema de sustentación de toda vida en armonía con la Madre Terra, con respeto a los límites de cada ecosistema y con una distribución eqüitativa de los bienes naturales e industriales que hubiéremos producido. Cambiando ideas en Cochabamba con el conocido sociólogo belga François Houtart, uno de los buenos observadores de las actuales transformaciones, convergemos en estos puntos para la transición del viejo para el nuevo.

Nuestros paises del Sur deben en primero lugar, luchar, todavía dentro del sistema vigente, por normas ecológicas y regulaciones que preserven lo más posible los bienes y los servicios naturales o trate su utilización de forma socialmente responsable.

En segundo lugar, que los paises del gran Sur, en especial Brasil, no seamos reducidos a meros exportadores de materias primas, Debemos incorporar tecnologías que den valor agregado a sus productos, crear innovaciones tecnologías y orientar la economía para el mercado interno.

En tercer lugar, que exijan de los paises importadores que contaminen lo menos posible y que contribuyan financieramente para la preservación y regeneración ecológica de los bienes naturales que importan.

En cuarto lugar, que instauren una legislación ambiental internacional más rigurosa para aquellos que menos respetan los preceptos de una producción ecológicamente sostenible, socialmente justa, aquellos que se relajan en la adaptación y en la mitigación de los efectos del calentamiento global y que introducen medidas proteccionistas en sus economías.

Lo más importante de todo, sin embargo, es formar una coalición de fuerzas a partir de gobiernos, instituciones, iglesias, centros de investigación y pensamiento, movimientos sociales, ONGS y todo tipo de personas alrededor de valores y principios colectivamente divididos, bien expresados en la Carta de la Tierra, en la Declaración de los Derechos de la Madre Tierra o en la Declaración Universal del Bien Común de Tierra y de la Humanidad (texto básico del incipiente proyecto de la reinvención de la ONU) y en el Bien Vivir de las culturas originarias de las Américas.

De estos valores y principios, se espera la creación de instituciones globales y, quien sabe, se organice la gobernanza planetaria que tenga como propósito preservar la integridad y vitalidad de la Madre Tierra, garantizar las condiciones del sistema-vida, erradicar el hambre, las enfermedades letales y forjar las condiciones para una paz duradera entre los pueblos y con la Madre Terra.