us deixem amb l'esferïdor testimoni d'Edu Ponce, un dels coordinadors de "En el camino". Icaria ha pubicat un dels tres elements que conformen el projecte; Los migrantes que no importan, d'Óscar Martínez. Impressionant, tot plegat.
jueves, 28 de octubre de 2010
Edu Ponces: "Los migrantes centroamericanos importan menos que nada"
Reproducimos la entrevista que Sonia García le hizo a Edu Ponces, uno de los integrantes del proyecto "En el camino", para El Periódico de Catalunya (aquí podéis encontrar la versión en catalán). Icaria editorial ha publicado un libro que forma parte del proyecto, el libro de crónicas periodísticas Los migrantes que no importan, de Óscar Martínez.
De octubre del 2008 a diciembre del 2009, un equipo integrado por Óscar Martínez y la directora Marcela Zamora (salvadoreños), la documentalista israelí Karen Shayo y los fotógrafos de Ruido Photo Edu Ponces, Toni Arnau y Eduardo Soteras recorrieron los caminos de los indocumentados en México, como parte del proyecto En el camino, que hoy presentan en forma de libro y de documental.
-¿Cómo empezó este proyecto?
-Llevo muchos años trabajando en Centroamérica y formo parte del proyecto En el camino, que hemos financiado, junto con el periódico salvadoreño El Faro y la organización catalana Ruido Photo.
-¿Qué ocurre en esa región?
-Una tragedia que se ha convertido en una gran crisis humanitaria. Medio millón de centroamericanos cruzan México para intentar llegar a Estados Unidos y en el camino sufren vejaciones y maltratos, abusos sexuales, pero sobre todo, son víctimas de asaltos y secuestros perpetrados por autoridades corruptas y grupos vinculados al narcotráfico.
-¿El narcotráfico agrava la situación?
-Sí. La entrada del crimen organizado comenzó en los años 2007 y 2008, cuando el grupo de los Zetas (exmilitares de alto rango) empezó a secuestrar a las personas que pasan por Tabasco, Veracruz y Tamaulipas.
-¿Qué roban a los inmigrantes?
-La mayoría tiene familia en EEUU y tienen ahorrado algo de dólares para apoyar a sus familiares o pagar a un coyote (quien se encarga de pasarlos en la frontera). Así que los delincuentes, vinculados con los coyotes, los llevan a casas de seguridad y llaman a los familiares para pedirles dinero. Es un gran negocio.
-¿Tanto?
-Recientemente la Comisión Nacional de Derechos Humanos en México publicó un informe con testimonios de casi 10.000 personas a las que han robado 25 millones de dólares en un año.
-¿Por qué no se hace nada?
-A diferencia de los mexicanos, que han sabido centrar sus derechos en el ojo público, los centroamericanos no han podido mostrarlo. Las autoridades también han ocultado esa salvajada. No cuentan para nada. No hay sistemas de control, ni denuncias, porque los salvadoreños, hondureños y guatemaltecos quieren seguir pasando a EEUU.
-¿Por qué no actúan las autoridades de esos países?
-Tan solo en El Salvador, el presupuesto nacional es igual a lo que envían los ciudadanos que viven en EEUU. Las autoridades son parte de la delincuencia. Los narcos son la autoridad real y los que gobiernan miran para otro lado.
-Ustedes vivieron con los indocumentados. ¿Qué descubrieron?
-El grupo más numeroso es el de las mujeres y el 80% de las que cruzan la frontera son violadas. Se asume como parte del peaje a pagar por ir al otro lado. Otras son obligadas a prostituirse.
-¿Cuál es su objetivo?
-Tratar de entender lo que veo. Intentar que la migración sea vista desde el punto de vista humano.
martes, 26 de octubre de 2010
IFrancia Ignacio Ramonet: "Estamos viendo, en este momento, la expresión de la legitimidad social"
Laurent Etre
L'Humanité, Paris.
Frente a la sordera y la arrogancia del gobierno, Ignacio Ramonet, presidente de la Asociación Memoria de las Luchas, apela a la legitimidad social de las mismas y a la democracia participativa.
¿Qué expresa, en su opinión, la amplitud de la movilización por la defensa del sistema actual de jubilación?
Ignacio Ramonet.- Poco a poco, cada uno se va dando cuenta de que el proyecto gubernamental le va a afectar y de qué manera, esto se va a pagar en años de vida. Más allá de lo cual, hay un malestar social más global, que no ha podido expresarse desde el inicio de la crisis, primero financiera y luego económica, en 2008. Se observa igualmente el rechazo a una manera de gobernar, llena de arrogancia, de soberbia, de suficiencia. Lo que se puede llamar “el espíritu de Fouquet”, del que el caso Woerth es una de las muestras más recientes. El poder se obstina en negar la implicación de un ministro en un asunto que lo vincula a multimillonarios, a las clases extremadamente favorecidas. Lo que suscita un verdadero hartazgo en la población. Y tengo la impresión de que al hilo de la protesta, cada ciudadano toma conciencia de que él puede asociarse al movimiento. De esta manera, éste toma amplitud. Progresivamente, el movimiento traduce el conjunto de malestares de cada uno.
Ayer, Nicolás Sarkozy estimaba que el asunto de las jubilaciones estaba cerrado. ¿Qué hacer ante tal sordera?
Ignacio Ramonet.- En el plano de la legalidad parlamentaria, el plazo es relativamente corto, ya que se estima que de aquí al miércoles o jueves, el Senado acabará votando esta ley, que volverá entonces a la Asamblea. Y de aquí a unos diez días, desde el punto de vista de la legalidad parlamentaria, el asunto estará concluido. Pero en democracia, existen también otras legitimidades. En este momento vemos expresarse la legitimidad social, por otra parte reconocida en la Constitución a través del derecho de huelga y del derecho de manifestación. Aunque el poder permanezca sordo, esta legitimidad es mayoritaria en el país, como lo muestran los sondeos. Sería imprudente para el gobierno obstinarse, teniendo en cuenta sólo una legitimidad y no reconociendo las otras, completamente legales en democracia. Por otra parte, nadie ignora que el presidente de la República había afirmado, en su programa electoral, que no tocaría la jubilación a los 60 años. Él ha roto unilateralmente el contrato moral que había hecho con los franceses. En consecuencia, se está en el derecho de reclamar también otra legitimidad, la de la democracia participativa : ya que el presidente cambia su programa, debe someter su propuesta a los electores. Por ello algunos reclaman, con todo derecho, un referéndum.
Actualmente se desarrollan en Europa otros movimientos contra los planes de austeridad. ¿El desenlace del pulso actual en Francia hay que buscarlo por el lado de las movilizaciones a escala europea?
Ignacio Ramonet.- Hay manifestaciones muy importante en un gran número de países, en España, en Portugal, en Italia, en Rumania… En Grecia ha habido seis huelgas generales. Así pues, efectivamente, sería necesaria una jornada de acción europea. Añado que en algunos países donde las protestas son más fuertes son gobernados por la socialdemocracia. Y por tanto, muchos ciudadanos se preguntan si la socialdemocracia, cuando está en el poder, no termina por aceptar ella misma las consignas del Fondo Monetario Internacional (FMI), él mismo, dirigido por un socialdemócrata. Hay por tanto una hipoteca, que los partidos socialdemócratas deben cancelar. A este respecto, podemos alegrarnos de que en Francia, el PS anuncia que, si llega al poder, restablecerá la edad legal a los 60 años. Aunque no descarta hacer una reforma del sistema de pensiones...
¿En qué sentido puede decirse que la cuestión de las jubilaciones es una apuesta de civilización?
Ignacio Ramonet.- Se han construido sociedades más avanzadas, más civilizadas, en la medida en que la puesta a punto de sistemas de pensiones permite eliminar uno de los grandes miedos de Occidente, a saber, el desamparo de los ancianos. Es necesario también subrayar que, en algunos países, una de las medidas que toma la izquierda, cuando llega al poder, es precisamente bajar la edad de jubilación. ¡Evo Morales en Bolivia ha aprobado rebajarla de 65 a 58 años ! Responde a una aspiración profunda de los pueblos.
Traducido por J.A. Pina
Fuente: http://www.humanite-en-espanol.com/spip.php?article744
lunes, 18 de octubre de 2010
¿Es tan malo ser antisistema?
Resctamos a continuación un interesantísimo artículo firmado por Francisco Fernández Buey y Jordi Mir, en relación a la criminalización a la que ha sido sometido cualquier atisbo de oposición a los poderosos de este mundo. El artículo fue publicado en Púbico en el año 2009, pero su actualidad nos empuja a publicarlo justo ahora.
Venimos observando que, en los últimos tiempos, los medios de comunicación de todo tipo han puesto de moda el término antisistema. Lo usan por lo general en una acepción negativa, peyorativa, y casi siempre con intención despectiva o insultante. Y aplican o endosan el término, también por lo general, para calificar a personas, preferentemente jóvenes, que critican de forma radical el modo de producir, consumir y vivir que impera en nuestras sociedades, sean estos okupas, altermundialistas, independentistas, desobedientes, objetores al Proceso de Bolonia o gentes que alzan su voz y se manifiestan contra las reuniones de los que mandan en el mundo.Aunque no lo parezca, porque enseguida nos acostumbramos a las palabrejas que se ponen de moda, la cosa es nueva o relativamente nueva. Así que habrá que decir algo para refrescar la memoria del personal. Hasta comienzos de la década de los ochenta la palabra antisistema sólo se empleaba en los medios de comunicación para calificar a grupos o personas de extrema derecha. Vino a sustituir, por así decirlo, a otra palabra muy socorrida en el lenguaje periodístico: ultra. Pero ya en esa década la noción se empleaba principalmente para hacer referencia a las posiciones del mundo de Herri Batasuna en el País Vasco. En la década siguiente, algunos periódicos a los que no les gustaba la orientación que estaba tomando Izquierda Unida ampliaron el uso de la palabra antisistema para calificar a los partidarios de Julio Anguita y la mantuvieron para referirse a la extrema derecha, a los partidarios de Le Pen, principalmente, y a la llamada izquierda abertzale. Así se mataba de un solo tiro no dos pájaros (de muy diferente plumaje, por cierto) sino tres.Esa práctica se ha seguido manteniendo en la prensa aproximadamente hasta principios del nuevo siglo, cuando surgió el movimiento antiglobalización o altermundialista. A partir de entonces se empieza a calificar a los críticos que se manifiestan de grupos antisistema y de jóvenes antisistema. Pero la calificación no era todavía demasiado habitual en la prensa, pues el periodista de guardia de la época, Eduardo Haro Teglen, en un artículo que publicaba en El País, en 2001, aún podía escribir: “Las doctrinas policiales que engendra esta globalización que se hace interna hablan de los grupos antisistema. No parece que el intento de utilizar ese nombre haya cundido: se utilizan los de anarquismo, desarraigo, extremismo, agitadores profesionales. Pero el propio sistema tendría que segregar sus modificaciones para salvarse él si fuera realmente un sistema y no sólo una jungla, una explosión de cúmulos”.En cualquier caso, ya ahí se estaba indicando el origen de la generalización del término: las doctrinas policiales que engendra la globalización. Desde entonces ya no ha habido manifestación en la que, después de sacudir convenientemente a una parte de los manifestantes, la policía no haya denunciado la participación en ellas de grupos antisistema para justificar su acción. Pasó en Génova y pasó en Barcelona. Y también desde entonces los medios de comunicación vienen haciéndose habitualmente eco de este vocabulario.El reiterado uso del término antisistema empieza a ser ahora paradójico. Pues son muchas las personas, economistas, sociólogos, ecólogos y ecologistas, defensores de los derechos humanos y humanistas en general que, viendo los efectos devastadores de la crisis actual, están declarando, uno tras otro, que este sistema es malo, e incluso rematadamente malo. Académicos de prestigio, premios Nobel, algunos presidentes en sus países y no pocos altos cargos de instituciones económicas internacionales hasta hace poco tiempo han declarado recientemente que el sistema está en crisis, que no sirve, que está provocando un desastre ético o que se ha hecho insoportable. Evidentemente, también estas personas son antisistema, si por sistema se entiende, como digo, el modo actualmente predominante de producir, consumir y vivir. Algunas de estas personas han evitado mentar la bicha, incluso al hablar de sistema, pero otras lo han dicho muy claro y con todas las letras para que nadie se equivoque: se están refiriendo a que el sistema capitalista que conocemos y en el que vivimos unos y otros, los más moran o sobreviven, es malo, muy malo.Resulta por tanto difícil de entender que, en estas condiciones y en la situación en que estamos, antisistema siga empleándose como término peyorativo. Si analizando la crisis se llega a la conclusión de que el sistema es malo y hay que cambiarlo, no se ve el motivo por el cual ser antisistema tenga que ser malo. El primer principio de la lógica elemental dice que ahí hay una incoherencia, una contradicción. Si el sistema es malo, y hasta rematadamente malo, lo lógico sería concluir que hay que ser antisistema o estar contra el sistema. Tanto desde el punto de vista de la lógica elemental como desde el punto de vista de la práctica, es indiferente que el antisistema sea premio Nobel, economista de prestigio, okupa, altermundista o estudiante crítico del Proceso de Bolonia.Si lo que se quiere decir cuando se emplea la palabreja es que en tal acción o manifestación ha habido o hay personas que se comportan violentamente, no respetan el derecho a opinar de sus conciudadanos, impiden la libertad de expresión de los demás o atentan contra cosas que todos o casi todos consideramos valiosas, entonces hay en el diccionario otras palabras adecuadas para definir o calificar tales desmanes, sean éstos colectivos o individuales. La variedad de las palabras al respecto es grande. Y eligiendo entre ellas no sólo se haría un favor a la lengua y a la lógica sino que ganaríamos todos en precisión. Y se evitaría, de paso, tomar la parte por el todo, que es lo peor que se puede hacer cuando analizamos movimientos de protesta.Francisco Fernández Buey y Jordi Mir son Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS)-Universidad Pompeu Fabra
viernes, 15 de octubre de 2010
Os presentamos a continuación la reseña que Solo de Libros publicó sobre Manifiesto Utopía.

¿Se puede cambiar el mundo? ¿Es posible construir otro modelo social alternativo que sea respetuoso con las personas y el entorno? De todo esto y más trata este Manifiesto Utopía, un libro escrito por el colectivo del mismo nombre y que expone algunas líneas de acción a seguir en los próximos años con el fin de cambiar el sistema capitalista que conocemos (y que nos ha llevado hasta donde estamos).
Aunque se haya repetido mil veces (e incluso lo hayamos comentado aquí hablando de varios libros), no está de más recordar que el modelo económico actual sostiene una lógica de crecimiento ilimitado que mercantiliza el trabajo y condena a las personas a la dependencia consumista. El hecho de considerar posible un crecimiento ilimitado en un planeta con recursos finitos es, dicho claramente, un absurdo; pero economistas, empresarios y políticos se empeñan en hacernos creer que el crecimiento es posible y que sólo se consigue con más trabajo y más consumo.
Curiosamente —es un decir— la clase política se ve incapaz de hacer frente a los múltiples problemas que se derivan de esta concepción estrecha y sesgada, por lo que la ciudadanía pierde todo interés en la política en general y, por ende, en la gestión de sus propios asuntos, cedida así a un grupo minoritario que sólo se preocupa por aspectos macroeconómicos. La actividad propia de personas que viven en sociedad queda restringida a niveles mínimos, siendo las elecciones la actividad que se nos ofrece como más participativa.
Utopía defiende la refundación del sistema democrático para poder actuar y ejercer nuestros derechos. Para ello optan por lo que llaman la democracia local: un sistema que exige la participación permanente de los ciudadanos para fomentar el interés general. Para llegar a este punto los autores proponen diversas reformas o acciones a llevar a cabo: unas son sencillas y razonables, como puedan ser la disminución progresiva de la lógica consumista, el establecimiento de nuevos indicares de riqueza (puesto que el PIB no es un valor referencial justo) o un apoyo constante a la reforestación; otras son más complejas de poner en práctica, como son la reducción del tiempo de trabajo, la eliminación de la energía nuclear o el acceso garantizado a un sistema de salud público; y, por último, unas cuantas son realmente difíciles de articular debido a la rigidez del sistema actual, como la instauración de una renta básica de ciudadanía, la revisión de los derechos de los trabajadores o un acceso
universal a la cultura.
El movimiento Utopía es consciente de las limitaciones de su proyecto y de las dificultades que entraña el poner en práctica algunas medidas. En este sentido hay que resaltar su realismo, ya que son conscientes de la necesidad de utilizar el actual sistema político como plataforma mediante la cual se pueden empezar a dar a conocer sus ideas; actualmente hay integrantes del movimiento en diferentes partidos políticos de la izquierda francesa y mediante conferencias, debates, ciclos y jornadas tratan de darse a conocer a nivel europeo.
Más allá de su importancia a un nivel local, lo cierto es que la iniciativa nos indica el camino a seguir en un futuro próximo para enmendar el actual estado de cosas. Temas tan centrales como la sostenibilidad, la apuesta por los servicios públicos y el cuestionamiento del consumismo son capitales para cambiar nuestra forma de pensar y actuar; sólo si modificamos nuestra relación con la sociedad (es decir, nuestras relaciones con los demás) y aceptamos la responsabilidad personal que todos detentamos dentro de nuestro mundo, seremos capaces de cambiar algo. Utopía nos da algunas pistas de cómo hacerlo y un pequeño impulso para ponernos en marcha: ahora debemos ser nosotros quienes decidamos qué hacer.
miércoles, 13 de octubre de 2010
Nuevos horizontes después del 29-S (un artículo de Josep Maria Antentas y Esther Vivas
Nuevos horizontes después del 29-S
Aunque tarde, finalmente la Huelga General ha tenido lugar y con un balance mucho más positivo del qué algunos esperábamos. A pesar del temor provocado por el paro y la precariedad, el sacrificio económico individual que supone la huelga, y la generalización de una cultura de la desmovilización a la que han contribuido los propios sindicatos, la respuesta a la convocatoria fue mayoritaria.
Ofrecer una perspectiva de continuidad posterior al 29-S es ahora la tarea primordial. Una huelga general de un día y punto no es suficiente. Ésta no puede ser un simple paréntesis, un desvío accidental en el camino, sino que tiene que ser un punto de inflexión. La Huelga General ha abierto un cierto espacio que hay que evitar que se cierre. Pero hará falta empujar desde bajo, desde la unidad entre las diversas organizaciones sindicales minoritarias, los sectores combativos de los grandes sindicatos y los movimientos sociales comprometidos con la huelga, para obligar a las direcciones sindicales mayoritarias a seguir moviéndose y a no volver a las confortables rutinas burocráticas de la concertación social y la práctica institucional.
La poca combatividad mostrada hasta ahora por los trabajadores en estos dos años desde el estallido de la crisis se explica por la combinación entre el miedo, la resignación frente la situación actual, el escepticismo respecto a los sindicatos, y la penetración entre los asalariados de los valores individualistas y consumistas. Para movilizarse no sólo se requiere malestar e indignación, también hay que creer en la utilidad de la acción colectiva, en que es posible vencer y en que no todo está perdido antes de empezar.
El reto colectivo es, precisamente, utilizar el buen resultado del 29-S para arrancar un nuevo ciclo de movilizaciones, impulsar un plan de lucha sostenido y recuperar la confianza colectiva entre los asalariados en que se pueden echar atrás las actuales políticas.
Para conseguirlo tenemos que potenciar un sindicalismo orientado a la movilización, al fomento de la participación democrática desde la base, y provisto de un discurso y una perspectiva anticapitalista. Un sindicalismo portador de un "sentido común" alternativo al dominante, de otra lógica, en sintonía con lo que ha sido el movimiento antiglobalización y los movimientos alternativos. Hace falta ir más allá de las críticas parciales de los sindicatos mayoritarios al actual modelo económico y de sus demandas de una integración europea con "dimensión social".
Los sindicatos tienen que tener como prioridad reconstruir, en un mundo cada vez más fragmentado, una cultura de la solidaridad, de la movilización y de la participación cotidiana en los asuntos colectivos. Tienen que buscar nuevas formas organizativas y estrategias para conectar con los segmentos más débiles de la clase trabajadora, como los parados, los precarios, los inmigrantes..., combinando la acción en el centro de trabajo y en el territorio, fomentando la colaboración entre sindicatos y otras organizaciones y movimientos sociales y desarrollando una práctica militante dinámica que rompa con la acción sindical rutinaria.
La coordinación europea de las resistencias es otro de los objetivos insoslayables para el sindicalismo y los movimientos sociales. Una auténtica "euromovilización", más allá de la débil jornada del 29-S convocada por la Confederación Europea de Sindicatos, sería mucho más efectiva para cristalizar la emergencia de un sindicalismo europeo en el imaginario colectivo que largas décadas de negociaciones burocráticas de bajo perfil en Bruselas. La consigna "huelga general europea", defendida por el sindicalismo alternativo, si bien hoy para hoy es sólo un eslogan propagandístico, tiene el mérito de fijar un horizonte de trabajo claro y plantear lo que es necesario para oponerse a unas políticas económicas que buscan aprovechar la crisis para hacer retroceder los derechos sociales y reforzar los mecanismos de dominación de clase.
En vista a la ofensiva coordinada de los gobiernos de la Unión Europea contra los derechos sociales la tan reiterada "luz al final del túnel", del fin de la crisis, ha resultado ser, como recordaba hace poco el filósofo Slavoj Zizek, la luz de un tren en dirección contraria que viene directo hacia nosotros. Se trata de hacerlo descarrilar antes de la embestida.
**Artículo publicado en Público 08/10/2010.
viernes, 1 de octubre de 2010
Òscar Patsí, autor de La revolución de las mariosas, en La Contra de La Vanguardia
“No te importa la lluvia porque se respira mejor, te encanta la primavera porque puedes oler las flores, no te preocupa el frío porque tienes ropa de abrigo, no te preocupa el calor. No te preocupa el tiempo porque no lo pierdes, no te preocupa el dinero porque para moverte no lo necesitas”, este poeta de la bicicleta cantó durante 19 meses en su blog, La revolución de las mariposas (convertido en libro por Ed. Icària), el goce de ir por la ciudad a paso de mariposa, alegato para sumar más ciclistas a su personal revolución urbana para conquistar una ciudad más habitable. “Es imposible hallar el equilibrio cuando uno no se mueve por sí mismo, cuando le llevan y le traen como a un paquete”.
Celador?
Mozos de personas. Ayudo a movilizar al enfermo, a limpiarlo, levantarlo, acostarlo. Si está excitado, yome encargo de atarlo; si llora, lo consuelo. Si se muere, lo bajo al depósito.
…
Existen dos realidades: la salud y la enfermedad.
Este sistema vive de espaldas a la segunda, que es potentísima. Pero mucha gente es responsable de su enfermedad.
Afirmación cruel.
Si no te mueves un poco, lo pagas caro. En un hospital confluyen todos los errores: la velocidad, el vivir acelerado, el no hacer ejercicio, el egoísmo que te carcome....
¿Por eso acude usted en bicicleta?
Yo voy a todas partes en bicicleta. No hay nada más surrealista que llegar a la ciudad de los enfermos: es un gran parking, no hay un triste columpio. De cuatro mil, sólo siete acudimos al hospital en bicicleta.
¿Haciendo proselitismo de la bicicleta?
Es la misión que me he impuesto, porque he descubierto el elixir de la eterna juventud y tengo la obligación de compartirlo.
Pues adelante, convénzame.
Es como la pastilla roja de Matrix, hay que probarlo, has de hacer ese pequeño esfuerzo (ya seremos perezosos cuando estemos muertos). Las ventajas de desplazarte en bicicleta son casi inmediatas.
Exagera.
En seis meses te ha cambiado el cerebro y el cuerpo. Y tenemos la obligación moral de dejar la casita limpia para los que vienen detrás. La bici es un vehículo para cambiar las cosas y cambiarte a ti.
…
Este sistema vive de espaldas a la segunda, que es potentísima. Pero mucha gente es responsable de su enfermedad.
Afirmación cruel.
Si no te mueves un poco, lo pagas caro. En un hospital confluyen todos los errores: la velocidad, el vivir acelerado, el no hacer ejercicio, el egoísmo que te carcome....
¿Por eso acude usted en bicicleta?
Yo voy a todas partes en bicicleta. No hay nada más surrealista que llegar a la ciudad de los enfermos: es un gran parking, no hay un triste columpio. De cuatro mil, sólo siete acudimos al hospital en bicicleta.
¿Haciendo proselitismo de la bicicleta?
Es la misión que me he impuesto, porque he descubierto el elixir de la eterna juventud y tengo la obligación de compartirlo.
Pues adelante, convénzame.
Es como la pastilla roja de Matrix, hay que probarlo, has de hacer ese pequeño esfuerzo (ya seremos perezosos cuando estemos muertos). Las ventajas de desplazarte en bicicleta son casi inmediatas.
Exagera.
En seis meses te ha cambiado el cerebro y el cuerpo. Y tenemos la obligación moral de dejar la casita limpia para los que vienen detrás. La bici es un vehículo para cambiar las cosas y cambiarte a ti.
…
No sólo te mueves de forma más ágil, también te simplifica la vida: cargamos con mucho lastre innecesario. Aprendes a ser más austero, de alguna forma te vuelves más amable, estás en forma (sensación maravillosa), bronceado, te sientes libre.
No es tan sencillo pedalear por una ciudad llena de coches.
Por eso hay que hay abandonar los rinocerontes cuyas heces están formadas por monóxido de carbono, hidrocarburos, óxidos de nitrógeno y partículas minerales. Este envenenamiento del aire causa cinco veces más muertos que los accidentes que provoca.
Espeluznante dato.
Y los mayores y los niños –que están justo a la altura de los tubos de escape– se llevan la peor parte. Veneno puro, pero como los anuncian en la tele, la gente no se siente culpable. Es una locura que un señor vaya a recoger coger a su hijo de 15 kilos con 3.000 kilos de acero envenenando el aire.
Y usted pretende la revolución de las mariposas.
Encontré en los lepidópteros el mejor ejemplo, porque son bichitos frágiles, preciosos, llenos de colores, capaces de recorrer 10.000 kilómetros tranquilamente, sin molestar, embelleciendo el paisaje y nunca en línea recta, sino a su libre albedrío.
También los hay que embisten.
Silencio, ausencia de peligro, incremento de los reflejos, salud, sabiduría...
¿Sabiduría?
Sabes dónde vives, dónde está el pan que te gusta, el mejor café... conoces todos los rincones. Crece tu capacidad de observación, multiplicas la curiosidad y terminas por convertir la belleza en el mejor de los caminos.
Para mejorar nuestro conocimiento, decía Descartes, debemos aprender menos y contemplar más.
La gente no suele conocer ni su barrio: se levantan cogen el coche o elmetro, llegan al trabajo, comen el menú de siempre, y por la noche recorren el mismo trayecto, y si paran para hacer alguna compra, lo hacen en los cuatro sitios de siempre.
Somos criaturas de costumbres hasta el hastío.
Hay ciudades que tienen la bicicleta muy asumida, aprendamos de ellas: Amsterdam, Bruselas, Pescara; en Alemania puedes cruzar el país en un carril. Ciudades en las que la gente va a comprar y a buscar a los niños al cole en bicicleta, en las que mandan las personas por encima de las máquinas.
Ha sido camarero, mensajero, operario de telefónica, conductor de grúa…
…Y comercial de cafeteras, espía, figurante de cine, pintor de brocha gorda y de pincel de oreja de buey, repartidor de yogures, operador de línea erótica, músico de la calle…
¿Cuál era su instrumento?
Hacía percusión con la bicicleta. Llegué a tocar en algún club de jazz. Soy un superviviente. Yo quería ser periodista, aquel sueño acabó convirtiéndose en un blog donde cuento mis vivencias pedaleando. Soy celador el fin de semana y el resto, un artista sin éxito. Me dedico a lo mío.
¿Qué es lo suyo?
Escribir, pasear, ir a nadar, recibir a los amigos, recibir a las princesas.
¿Seduce con su corcel metálico a princesas andantes?
Yo para el cortejo realizo la Verónica (la sigues, la adelantas, la rodeas sin agobiar y tevas). Y hay que saber utilizar el timbre.
...Que no es un claxon.
Es una cajita de música que alberga un pequeño violinista que reproduce una única nota: un primoroso do. Estoy frente al semáforo, junto a un bebé: me toco la nariz y suena un do, me toco la oreja y vuelve a sonar. El niño ríe y la madre sonríe. Hemos venido aquí a embellecer el mundo.
No es tan sencillo pedalear por una ciudad llena de coches.
Por eso hay que hay abandonar los rinocerontes cuyas heces están formadas por monóxido de carbono, hidrocarburos, óxidos de nitrógeno y partículas minerales. Este envenenamiento del aire causa cinco veces más muertos que los accidentes que provoca.
Espeluznante dato.
Y los mayores y los niños –que están justo a la altura de los tubos de escape– se llevan la peor parte. Veneno puro, pero como los anuncian en la tele, la gente no se siente culpable. Es una locura que un señor vaya a recoger coger a su hijo de 15 kilos con 3.000 kilos de acero envenenando el aire.
Y usted pretende la revolución de las mariposas.
Encontré en los lepidópteros el mejor ejemplo, porque son bichitos frágiles, preciosos, llenos de colores, capaces de recorrer 10.000 kilómetros tranquilamente, sin molestar, embelleciendo el paisaje y nunca en línea recta, sino a su libre albedrío.
También los hay que embisten.
Silencio, ausencia de peligro, incremento de los reflejos, salud, sabiduría...
¿Sabiduría?
Sabes dónde vives, dónde está el pan que te gusta, el mejor café... conoces todos los rincones. Crece tu capacidad de observación, multiplicas la curiosidad y terminas por convertir la belleza en el mejor de los caminos.
Para mejorar nuestro conocimiento, decía Descartes, debemos aprender menos y contemplar más.
La gente no suele conocer ni su barrio: se levantan cogen el coche o elmetro, llegan al trabajo, comen el menú de siempre, y por la noche recorren el mismo trayecto, y si paran para hacer alguna compra, lo hacen en los cuatro sitios de siempre.
Somos criaturas de costumbres hasta el hastío.
Hay ciudades que tienen la bicicleta muy asumida, aprendamos de ellas: Amsterdam, Bruselas, Pescara; en Alemania puedes cruzar el país en un carril. Ciudades en las que la gente va a comprar y a buscar a los niños al cole en bicicleta, en las que mandan las personas por encima de las máquinas.
Ha sido camarero, mensajero, operario de telefónica, conductor de grúa…
…Y comercial de cafeteras, espía, figurante de cine, pintor de brocha gorda y de pincel de oreja de buey, repartidor de yogures, operador de línea erótica, músico de la calle…
¿Cuál era su instrumento?
Hacía percusión con la bicicleta. Llegué a tocar en algún club de jazz. Soy un superviviente. Yo quería ser periodista, aquel sueño acabó convirtiéndose en un blog donde cuento mis vivencias pedaleando. Soy celador el fin de semana y el resto, un artista sin éxito. Me dedico a lo mío.
¿Qué es lo suyo?
Escribir, pasear, ir a nadar, recibir a los amigos, recibir a las princesas.
¿Seduce con su corcel metálico a princesas andantes?
Yo para el cortejo realizo la Verónica (la sigues, la adelantas, la rodeas sin agobiar y tevas). Y hay que saber utilizar el timbre.
...Que no es un claxon.
Es una cajita de música que alberga un pequeño violinista que reproduce una única nota: un primoroso do. Estoy frente al semáforo, junto a un bebé: me toco la nariz y suena un do, me toco la oreja y vuelve a sonar. El niño ríe y la madre sonríe. Hemos venido aquí a embellecer el mundo.
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