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martes, 15 de marzo de 2011

Barcelona: Movilització antinuclear i en solidaritat amb el poble de Japó

Dijous 17 de maç de 2011, a les 17.00 al consulat de Japó i a les 18.30 a la plaça Sant Jaume

La magnitud de la catàstrofe esdevinguda al Japó i la situació actual en què es troven les centrals nuclears i els nous projectes a l’estat i Catalunya ens han portat a convocar de forma urgent una movilització contra l’energia nuclear, en record de les víctimes i en solidaritat amb la població afectada.

Considerem molt important que el proper dijous 17, sis dies després del tsunami, es realitzin aquest actes a Barcelona:

En solidaritat amb el poble japonès i en record de les milers de víctimes del terratrèmol i tsunami del dia 11, es farà el lliurament d’una corona de flors blanques (símbol de dol al Japó) al Cònsul a Barcelona.

17:00 h. Consulat del Japó a Barcelona Av. Diagonal 540

Per un canvi radical en el model energètic, un decreixement del consum i per l’abandonament de l’energia nuclear i de les energies fòssils. No ens podem permetre el risc d’un accident nuclear. No podem seguir provocant el Canvi Climàtic. Per una Catalunya 100% renovable

Concentració a les 18.30 hores a la plaça de Sant Jaume de Barcelona, per denunciar els perills que malauradament de nou s’han repetit en aquest cas al Japó.

Convoquen:
- Ecologistes en Acció de Catalunya

- Repsol Mata
- Entrepobles
- Xarxa de l’Observatori del Deute en la Globalització
- Recerca i Decreixement
- Entesa del Decreixement
- Attac

El precio de la energía atómica

El capitalismo calcula sus riesgos. Lastima que entre estos cálculos no aparezcan ni la salud de las personas ni la salud del planeta. Su mentalidad y sus inversiones son cortoplacistas. No podían prever una catástrofe como la de Fukushima (Japón) porque preferían pensar en cosas positivas como generar beneficios. Accidentes como este nos deben hacer ver que necesitamos una forma de vida, un modelo energético y un sistema económico mucho más humano, si es que este lo es de algún modo.





Philip Grassman Der Freitag

25 años después de la catástrofe de Chernobil, se repite la historia en Japón, en la periferia de Tokio. El suceso demuestra concluyentemente que los riesgos que comporta la tecnología atómica --criminalmente minimizados en los últimos años por un recrecido lobby pronuclear-- son de todo punto inasumibles.

Un devastador terremoto de la escala del sucedido nadie podía preverlo. Ni siquiera Japón, una nación que ha aprendido a convivir con ellos, una sociedad altamente tecnificada que creía haber comprendido tanto como era posible los riesgos que comporta y con tantas precauciones de seguridad como parecían necesarias.

Pero fue un error. El país afronta ahora, unas horas después del peor terremoto desde que se cuenta con registros sísmicos, una catástrofe aún mayor. El reactor de Fukushima está tan gravemente dañado que a pesar de haber sido rápidamente desactivado cuando el terremoto comenzó, planea sobre él el riesgo de una fusión del núcleo. Se trataría de un nuevo Chernobil, casi exactamente veinticinco años después de la catástrofe que tuvo lugar en aquella región de Ucrania. Aunque en esta ocasión la magnitud no sería comparable, porque el reactor se encuentra en una región mucho más habitada que Chernobil.

Y aunque en esta ocasión no ha sido un error humano la razón inmediata para la catástrofe, la política japonesa tiene indirectamente, no obstante, una gran responsabilidad en lo ocurrido. En Japón existen 55 centrales nucleares en activo que generan un tercio de la electricidad del país. Japón emplea desde hace décadas, impertérrita, la energía atómica. Pero, una vez más, se ha demostrado que las centrales atómicas son bombas de relojería. Obvio es decirlo: seguras según los cálculos humanos. Pero hay condiciones que la medición humana no puede concebir. Así ocurrió en Chernobil, cuando un técnico pulsó el botón equivocado y desató la catástrofe. Y ahora amenaza con ocurrir también en Fukushima, donde nadie había calculado que la central estaría desabastecida de electricidad durante tanto tiempo y los niveles de los tanques de agua fría descenderían tan rápidamente.

Quien se apoya en la energía atómica acepta estos riesgos. Tan improbables como se quiera pretender, pero no se los puede excluir. Hace 25 años tuvieron lugar en una región que afectó a cientos de miles de personas. Ahora el mundo se enfrenta a una situación semejante. Vivimos en una época en la que los cálculos de riesgos no están en el discurso oficial de las eléctricas. Se trata siempre solamente de probabilidades que podrían llegar a convertirse en una realidad dentro de un millón de años. La realidad nos da ahora una lección. El precio que posiblemente habremos de pagar por la energía atómica es demasiado alto.

Philip Grassman colabora habitualmente en Freitag

Fuente: http://www.freitag.de/politik/1110-der-preis-der-atomkraft

Traducción para www.sinpermiso.info por Àngel Ferrero