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lunes, 6 de junio de 2011

Taula rodona "Els minarets de la discòrdia, com superar la islamofobía".

Dijous 9 de juny de 2011, al IEmed (C/Girona, 20) a les 19h, taula rodona i presentació del llibre "Los Minaretes de la Discordia" dirigit per Patrick Haenni i Stépane Lathion.

A la taula rodona titulada "Els minarets de la discòrdia, com superar la islamofobía" hi participaran:

Lurdes Vidal, responsable de l'Area de Món Àrab i Mediterrani de l'IEMed i redactora en cap de la revista Afkar/Ideas. Anna Monjo, editoria d'Icaria Editorial. Xavier Aragall, assesor tecnic de polítiques i programes regionals euromediterranis, IEMed. Stépane Lathion, director del Grup de Recerca sobre l'Islam a Suïssa (GRIS) i codirector del llibre.

Hi està tothom convidat...

martes, 10 de mayo de 2011

"El islam contemporáneo se encuentra en constante cambio hacia adelante"

Casualmente, la confusa, rabiosa e impredecible actualidad nos brindó la oportunidad de publicar el libro "Las 9 vidas de Al Qaeda" la misma semana que el ejercito de los EEUU acabó con la vida de quien fuese el líder de esta organización, Osama bin Laden. Gracias a esto pudimos gozar del privilegio de tener entre nosotros a Jean-Pierre Filiu arabista e historiador que lleva muchos años estudiando y descifrando esta red islamista armada. Como nos indicó en la presentación realizada en el IEMed, institución coeditora del libro, su trabajo es una historia laica de Al Qaeda. Cuando Filiu dice laica hace referencia a la "nueva religión" de las teorías de la conspiración. En temas claves de corte internacional la desconfianza a la versión oficial genera teorías sin pruebas coherentes que se esparcen rápidamente por todo el globo. El riguroso análisis de Filiu quiere romper con estas teorías. Filiu nos habló también del fracaso de Al Qaeda y de la animadversión existente en las sociedades de los países musulmanes hacia ella. Según Filiu "El Islam contemporáneo es apasionante y se encuentra en constante cambio hacia adelante".

A continuación las fotografías del acto realizado el 5 de mayo de 2011 en la sede del IEMed (Barcelona):





jueves, 5 de mayo de 2011

Las revueltas árabes y Al-Qaeda

Jean-Pierre Filiu nos habla con el rigor de un investigador. Mas allá del ofcicialismo acrtico y de las teorias de la conspiración sin fundamentos. A continuación una entrevista realizada en TV3 el 5 de mayo de 2011.



Aquí teneis el libro de Jean-Pierre Filiu que acaba de publicar Icaria Editorial, Las 9 vidas de Al Qaeda.

martes, 5 de abril de 2011

Tribulaciones libias

El conflicto libio es especialmente opaco a lo que información se refiere. No se conoce mucho sobre la oposición. Su ideología, sus intereses o sus lideres parecen no interesar a los medios de comunicación convencionales. Los excesos del tirano y sus hijos han sido repedidos hasta la sacidedad para justificar la intervención. Este articulo ayuda mejor a entender esta guerra...


Juan Gelman Página/12

La oposición a Khadafi está pasando malos momentos pese a los bombardeos. Por su parte, la Casa Blanca y la OTAN no están libres de preocupaciones: se ha descubierto que en las filas rebeldes hay elementos de Al Qaida. Así lo admitió el almirante James Stavridis, jefe de las operaciones conjuntas en Libia, aunque subrayó que “la conducción está integrada por gente responsable” (//washingtonexaminer.com, 29-2-11). Se refería, sin duda, al primer ministro del Consejo Libio de Transición, Mahmoud Jibril, ex mano derecha del dictador y ex director de la Junta Nacional de Desarrollo Económico desde 2007, que impulsó la inversión extranjera –en particular de capitales estadounidenses y británicos– y las privatizaciones en el país africano. Parece que hace apenas unas semanas descubrió que Khadafi es un tirano de la peor especie.

Jibril, doctorado en la Universidad de Pittsburgh, resulta desde luego muy confiable para los intereses petroleros foráneos. No es el único: Ali Tahroumi, ministro de Finanzas del gobierno provisional y encargado de los asuntos relativos al oro negro, volvió a Libia hace un mes tras 35 años de exilio procedente de EE.UU., donde ocupaba una cátedra de la Universidad de Washington. Hay más gente responsable.

Galifa Hifter, ex coronel del ejército, fue designado jefe militar de los rebeldes. Regresó de EE.UU. después de 20 años de ausencia; encabeza el llamado Ejército Libio Nacional, un grupo opositor con asiento en Virginia, y se sospecha que es un “agente dormido” de la CIA (www.mcclatchydc.com, 26-3-11). Los tres son apenas algunas piezas de la oposición, un mosaico variopinto que no mucho tiene que ver con los centenares de miles de libios que empezaron a salir a la calle a mediados de febrero, hartos ya del déspota.

Trascendió que el Departamento de Estado enviaría a Benghazi a Chris Stevens, ex número 2 de la embajada estadounidense en Trípoli, a fin de “trabajar con los opositores, hacerse una mejor idea de sus necesidades, evaluar cómo los podemos ayudar y completar la imagen que de ellos tenemos y llenar así las lagunas de lo que sobre ellos sabemos” (EFE, 30-3-11). En realidad, las lagunas son pocas.

“El grupo principal que dirige la insurrección es la Conferencia Nacional de la Oposición Libia (NFSL, por sus siglas en inglés). Lidera la lucha y es una milicia armada auspiciada por EE.UU. que integran sobre todo expatriados y tribus opuestas a Khadafi” (www.axisoflogic.com, 17-3-11). Otro enemigo del dictador: el Grupo Combatiente Libio-Islámico (LIFG, por sus siglas en inglés), fundado en 1995 por mujaidines que lucharon contra la ex URSS en Afganistán, se dedica desde entonces a derrocar a Khadafi, pero algunos se han unido a Al Qaida “para lanzar la Jihad contra los intereses libios y occidentales en todo el mundo”. En febrero de 2004, el entonces director de la CIA George Tenet testificó ante el Comité de Inteligencia del Senado y señaló que “una de las amenazas más inmediatas (a la seguridad de EE.UU.) proviene de pequeños grupos internacionales de extremistas sunnitas vinculados con Al Qaida. Incluyen al LIFG” (www.cdi.org, 18-1-05).

El LIFG merece ciertamente atención. Combate a Khadafi porque lo considera al frente de “un régimen apóstata que ha blasfemado contra el Señor Todopoderoso”. Su acción más notoria fue el intento fallido de asesinarlo en febrero de 1996, en el que murió gente de los dos bandos. No se pudo confirmar que el MI15 financiara el ataque, como denunció David Shayler, ex agente de ese Servicio de Inteligencia británico: en cambio, un estudio publicado en el Terrorism Monitor, de la Jamestown Foundation, revela que “el LIFG recibió hasta 50.000 dólares del terrorista saudita (Bin Laden) por cada uno de sus militantes caídos” (www.jamestown.org, 5-5-05).

El presidente de Chad, Idriss Deby Itno, “manifestó que Al Qaida ha saqueado arsenales militares y comprado armas en la zona libia rebelde, incluso misiles tierra-aire, que después contrabandeó a sus santuarios” (www.dailytelegraph.com, 25-3-11). Resulta que EE.UU., Gran Bretaña y Francia son ahora camaradas de armas del LIFG, “el elemento más radical de la red de Al Qaida. La secretaria de Estado Hillary Clinton admitió los riesgos de esta alianza non sancta en una audiencia parlamentaria: señaló que la oposición libia es probablemente más antiestadounidense que Khadafi” (//newamericamedia.org, 20-3-11).

¿Entonces?

Tal vez lo haya explicado inadvertidamente Denis McDonough, vicedirector de Seguridad Nacional del presidente Obama: en una conferencia de prensa que se realizó el lunes pasado, declaró que “la Casa Blanca no toma decisiones sobre asuntos como una intervención basada en precedentes. Las tomamos basados en cómo podemos promover mejor nuestros intereses en la región” (www.whitehouse.gov, 28-3-11). ¿Esto significa que los bombardeos aliados sólo empezaron cuando los rebeldes llegaron a controlar vastos territorios de Libia y a ocupar ciudades y puertos petroleros clave, y se aprestaban a apoderarse de la cuenca del Buraiqa, repleta de oro negro? ¿Aunque Al Qaida estuviera metida en el frente opositor? ¿Y qué harán la Casa Blanca y la OTAN si, como parece posible, el dictador aplasta la rebelión? ¿Invadir? ¿Negociar? ¿Dejar a Khadafi en su puesto?


Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-165433-2011-04-03.html


Nuestra editorial ha publicado un libro, junto al IEMed, sobre las relaciones diplomaticas españolas con el mundo arabomusulán. Otra contribución a conocer mejor el "juego" de las relaciones internacionales en el Mediterráneo:

martes, 1 de marzo de 2011

¿Libia se encamina hacia una guerra civil?

Hoy, una emisora de radio de Catalunya, hacía una curiosa pregunta a su audiencia que debía ser respondida mediante mensajes de teléfono móvil. La pregunta a la audiencia europea era si creían que se debía practicar una intervención militar extranjera en Libia. Al margen de las respuestas, (55% Sí, 45% No) lo sorprendente es la naturalidad en que los medios opinan sin ningún análisis de fondo, sin ningún criterio sobre cosas que afectan a la vida de millones de personas en el otro lado del mediterráneo.

Mariano Aguirre

El ex ministro de Justicia Mustafa Abdel Jalil anunció el domingo la formación de un gobierno interino en el este del país. Por su parte, el Brigadier General Ahmed Gatrani, que lidera las fuerzas disidentes del ejército en Benghazi, indicó la creación de un grupo armado que trataría de apoyar la disidencia en Trípoli.
Un factor importante es que el país es casi completamente desértico. De ahí que Trípoli y Benghazi sean las dos ciudades-centros de poder, como indica George Joffé, de la Universidad de Cambridge. La lucha está, por lo tanto, polarizada entre estas ciudades.


El poder en Libia se encuentra altamente centralizado en Gadafi, su familia y el círculo clientelista de funcionarios y militares favorecidos por las inmensas rentas que generan las exportaciones de petróleo y gas. Las instituciones estatales son débiles y la oposición organizada es inexistente.

Luego de diversos experimentos de democracia directa y participativa, el coronel Gadafi impuso desde 1977 la jamahiriyah de poder popular y de las masas. En realidad se trata de un sistema jerárquico crecientemente centralizado en su familia y basado en una alianza con las tribus Warfalla, Maghara y Qadhafa; esta última a la que pertenece el líder del régimen. La mayor parte de la sociedad, y especialmente la población joven, han visto con creciente resentimiento la acumulación de poder y beneficios económicos en la elite.

El mapa tribal
La sociedad libia, como las yemeni y jordana, funciona sobre la base de organizaciones tribales que regulan el orden social. Se calcula que hay 140 tribus en el país, de las cuales 30 tienen peso político, según el historiador libio Faraj A. Najm. Esta organización social se ha generado a partir de condiciones ambientales y geográficas que favorecieron en unos casos el nomadismo y, en otras, formaciones agrícolas o comerciales.

La tribu más importante es la Warlafa. Cuenta con un millón de miembros, habita la zona de Tripolitania, en el noroeste del país, y se ha manifestado contra el gobierno debido a la dura represión contra la oposición. La tribu de los Al-Awaqir, de la que provienen diversos miembros del gobierno, se mantiene fiel a Gaddafi.

Los Qadhadhifa pertenecen a la tribu de Gaddafi y tienen miembros en las fuerzas armadas. Por otro lado, los Maqarha constituyen la segunda tribu más importante en número. Es incierto cuál es su posición actual respecto del régimen. La tribu Zuwaya se ha declarado en contra de la represión a los manifestantes y ha amenazado al gobierno con cortar el suministro de petróleo.

A esta diversidad de tribus se suma el Grupo de Luchadores Islamistas Libios con vínculos con al-Qaeda y otros grupos sociales de origen religioso como los Sharifs, Marabouts, Koulougis y Tuaregs. Los Sharifs se consideran descendientes directos de Mahoma; los Marabouts son derviches con supuestos poderes sobrenaturales; y los Koulougis son practicantes del Islam descendientes de esclavos bereberes y cristianos del Imperio Otomano.

La repartición del poder
En 1969 Gadafi consiguió el poder gracias a una alianza de las tribus de los Qadhadhifa con los Maqarha y los Warfalla. Miembros de estas tribus se repartieron el poder en las aéreas claves de inteligencia y seguridad. Gadafi estableció un sistema clientelista, dando beneficios y poder a los líderes que le apoyaran, y respondiendo con dura represión a los que se negaran. Esta represión se extendía al conjunto de la tribu en caso de que uno de sus miembros fuese desleal al gobierno. La relación institucional de Gaddafi con las tribus se ha llevado a cabo hasta ahora a través de un comité político de 32 representantes, que en estos momentos se encuentra en crisis.

Según Hanspeter Mattes, subdirector del German Institute of Global and Area Studies, en Hamburgo, la rebelión actual comenzó en la ciudad de Al-Baida, en el noroeste, y desde ahí se extendió a otras ciudades. En esa ciudad se fundó en el siglo XIX el movimiento islamista conservador creado por Mohamed al-Sanusi. Este movimiento se ha expandido por la región Cyrenaica y ha tenido repetidos enfrentamientos con Gadafi, a quien consideran demasiado liberal en su interpretación del Islam.

El movimiento islamista, que ha sufrido una dura represión por parte del régimen, tiene un fuerte arraigo en esta zona, y de aquí, según este experto, han surgido militantes que se han unido a al-Qaida. Los principales activistas de la rebelión actual pertenecen a las tribus Abu Llail.

Fragmentación del uso de la fuerza
El régimen ha creado diversas milicias y cuenta con fuerzas mercenarias que debilitan el papel de las fuerzas armadas. Gadafi cuenta con unos 20.000 miembros de los Comité Revolucionarios que están o podrían estar armándose para resistir la rebelión. También con la Brigada 32 (o Brigada Khamis) liderada por su hijo Khamis al-Gaddafi y formada especialmente por extranjeros; el aparato de inteligencia militar; las fuerzas de seguridad interna; y el aparato de seguridad de la Hamahiriya. Según algunos testimonios de disidentes, Gadafi cuenta con una fuerza especial de combatientes formados desde niños denominada la Janissaries (nombre de un cuerpo de elite del Imperio Otomano).

Las divisiones tribales pueden jugar en contra de una respuesta unificada de los aparatos de seguridad del Estado, al contrario de lo que ocurrió en Egipto y Túnez. Omar Ashour, de la Universidad de Exeter, considera que las divisiones y fidelidades, unidos a la gran cantidad de armas que tienen los miembros de las tribus, podrían generar una guerra civil.

Otro posible escenario es que las fuerzas armadas lleguen a un pacto con los líderes tribales, religiosos y personalidades de la diáspora para formar un gobierno de transición en el que todos estén representados. Libia carece de un marco constitucional, lo que obligaría a esta coalición en el poder a la compleja tarea de presentar un programa para la transición que satisficiese a todos.

Para la comunidad internacional, la crisis en Libia es un gran desafío. Una intervención militar que derrocase a Gadafi podría generar reacciones imprevisibles en una sociedad fragmentada, como ocurrió en Iraq. Ni Europa ni Estados Unidos quieren otra guerra sectaria similar a la que ha seguido a la caída de Saddam Hussein. A la vez, el líder del régimen y sus grupos armados pueden resistir durante un largo período pese a las sanciones y a haberse sometido el caso a la Corte Penal Internacional, medidas que el Consejo de Seguridad de la ONU estableció el 26 de febrero.

Mariano Aguirre es director del Centro Noruego para la Paz, Oslo. www.peacebuilding.no

Fuente: http://www.rnw.nl/espanol/article/%C2%BFlibia-se-encamina-hacia-una-guerra-civil

lunes, 28 de febrero de 2011

Las tribus contra el búnker

Parece ser que Libia también ha dicho basta. Cada país árabe tiene su trayectoria política y sus caracteristicas sociales. En el caso de Libia ha pasado de ser la supesta bandera del socialismo árabe a el aliado de occidente con un dictador excéntrico. Pero más allá de la figura de Gadaffi, Libia es un país complejo y diferente. Su fuerte componente tribal es fundamental para entender la Libia que puede surgir mañana.



Pepe Escobar Asia Times Online
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

La revolución en Libia es una revolución tribal. No fue, y sigue sin ser, dirigida por jóvenes intelectuales urbanos, como en Egipto, o por la clase trabajadora (que en su mayoría está compuesta, de hecho, por trabajadores extranjeros). Incluso a pesar de que los protagonistas del levantamiento contra Muamar Gadafi pueden ser una mezcla de libios de a pie, juventud educada y/o desocupada, una sección de las clases medias urbanas y desertores del ejército y los servicios de seguridad, lo que los traspasa a todos es la tribu. Incluso Internet, en el capítulo libio de la gran revuelta árabe de 2011, no ha sido un protagonista absolutamente decisivo.
Libia es tribal de la A a la Z. Hay 140 tribus (qabila), 30 de ellas clave: una de ellas, Warfalla, representa a un millón de personas (de una población de 6,2 millones). A menudo, llevan el nombre de las ciudades de las que provienen. El coronel Gadafi dice ahora que el levantamiento libio es un complot de al-Qaida impulsado por hordas drogadas con leche y Nescafé mezclados con drogas alucinógenas. La realidad es menos lisérgica: es un concierto de tribus que terminará por derribar al rey de reyes africano.
Un inmenso grafiti en la Bengasi liberada dice: «No al sistema tribal». Es una vana ilusión. Los oficiales del ejército libio son una colección de notables tribales seducidos o sobornados por Gadafi, que sigue una estricta estrategia de dividir para gobernar desde el nacimiento del régimen en 1969. Tanto en Túnez como en Egipto, el ejército fue crucial en la caída del dictador. En Libia, es mucho más complicado. El ejército no es tan importante en comparación con las milicias paramilitares, privadas y mercenarias, dirigidas por hijos y parientes de Gadafi.
Gadafi y su hijo «modernizador», Saif, ya han jugado las únicas cartas que les quedan, a falta del genocidio: sedición (fitna) e islamismo, muy al estilo de Hosni Mubarak, como cuando dice «soy yo o el caos». En el caso del clan Gadafi, es como sigue: sin mí, es guerra civil (en realidad fabricada por el propio régimen) u Osama bin Laden (invocado como deus ex machina por el propio Gadafi). La mayoría de las tribus no se tragan ese guión del «dios surgido de la máquina».
Las perspectivas de Gadafi son sombrías. La tribu Awlad Ali, en la frontera egipcia, está en su contra. Az Zawiyya se le ha opuesto desde principios de esta semana. Az-Zintan, a 150 kilómetros al sudoeste de Trípoli, está centrada en Warfalla; todos están en su contra. La tribu Tarhun, que, crucialmente, incluye más de un 30% de la población de Trípoli, se le opone. El Jeque Saif al-Nasr, ex jefe de la tribu Awlad Sulaiman, habló por al-Jazeera para llamar a los jóvenes tribales del sur a sumarse a las protestas. Incluso, algunos de su pequeña tribu, Qadhadfa, ahora está en su contra.



Matando a la sociedad civil



La tribu, con sus clanes y subdivisiones, es la única institución que ha regulado durante siglos la sociedad de esos árabes que han vivido en las regiones de los colonizadores italianos a principios del siglo XX, llamadas Tripolitania, Cirenaica y Fezzan.
Después que Libia llegó a la independencia en 1951, no hubo partidos políticos. Durante la monarquía, la política sólo tuvo que ver con tribus. Sin embargo, la revolución de Gadafi del 1969 replanteó el papel político de las tribus: sólo se convirtieron en garantes de valores culturales y religiosos. La ideología de la revolución de Gadafi giraba alrededor del socialismo, con el pueblo, teóricamente, como sujeto de la historia. Los partidos políticos también fueron descartados. Fue la hora de los comités populares y el congreso popular. La vieja elite, los ancianos de las tribus, fue aislada.
Pero el tribalismo devolvió el golpe. Primero, porque Gadafi decidió que los puestos en la administración debían ser distribuidos por afiliación tribal. Y luego, durante los años noventa, Gadafi renovó las alianzas con los dirigentes tribales; los necesitaba «para librarse de la creciente oposición y de diversos traidores». Y aparecieron los «comandos sociales populares», que combatieron la corrupción, solucionaron disputas locales y terminaron por consagrar a la tribu como protagonista político.
Gadafi se aseguró de tener una alianza impenetrable con los Warfalla y, medianteuna estrategia centrada en una consigna «pueblo armado», logró domar al ejército. Los puestos clave en el servicio secreto fueron entregados a su tribu, Qadhadfa, y a uno de sus compañeros revolucionarios, Maqariha. Esto significó esencialmente que esas dos tribus obtuvieron el monopolio todos los sectores clave de la economía, y eliminaron, literalmente, toda oposición.
El resultado inevitable de ese sistema político tribal fue el desgajamiento de una sociedad civil basada en instituciones democráticas. La clase media educada se quedó sin nada. Luego vino el embargo de las Naciones Unidas, que duró una década. La economía, que ya estaba en mal estado, cayó en picado; nunca hubo una redistribución decente de la riqueza del petróleo y del gas. La inflación y el desempleo se dispararon. La retórica fue siempre de «democracia directa»; la realidad era que los pocos «ganadores» formaban parte de una burguesía estatal reaccionaria, ya fueran reformistas, dirigidos por Saif; conservadores (fieles al Libro Verde de Gadafi); o tecnócratas (los que disciernen jugosos tratos con corporaciones extranjeras).



Año cero en Cirenaica


No es sorprendente que el levantamiento haya comenzado en Bengasi, que quedó fuera de toda estrategia de desarrollo, en una región, Cirenaica, con una infraestructura absolutamente pésima en comparación con Tripolitania.
Ahora el oficialmente llamado Jamahiriya, «el Estado de las masas», está a punto de derrumbarse. Es año cero en Cirenaica. Es imposible dejar de recordar los primeros días de Iraq «liberado» en abril de 2003. El Estado ha desaparecido. Comités populares, grupos islámicos, y bandas armadas controlan ahora territorios enteros. Nadie sabe cómo se desarrollará esto o lo que pueda suceder después de la batalla de Trípoli (suponiendo que la oposición pueda obtener algún armamento pesado serio). Una fuerte posibilidad es la emergencia de territorios tribales auto-gobernados controlados por las tribus, como en Afganistán y Somalia o, de hecho, que regiones enteras se independicen, a pesar de los esfuerzos de la oposición en el exilio por disipar esos temores.
Antes de eso, como ha advertido Gadafi, correrá la sangre. La fuerza aérea está controlada directamente por el clan Gadafi. Además, dos de sus hijos están en posiciones clave: Moutassim es jefe del Consejo Nacional de Seguridad y Khamis es comandante de una brigada de fuerzas armadas. El ejército tiene 150.000 soldados. Los máximos comandantes militares tienen todo que perder si no apoyan a Gadafi. Según los mejores cálculos, Gadafi todavía podría contar con 10.000 soldados. Para no hablar del ejército mercenario «africano negro» pagado en oro, en su mayoría insertado en Libia a través de Chad.
Sea lo que sea lo que emerja de este volcán, cuesta imaginar una Libia no fracturada siguiendo líneas tribales. Es justo decir que la juventud libia tribal que salió a las calles a luchar contra el régimen armado de Gadafi considera la mentalidad tribal como la peste. No desaparecerá de un día para otro. Sin embargo, la mejor esperanza posible bajo las difíciles circunstancias, con la amenaza de una crisis humanitaria y el espectro de la guerra civil, es que Internet impulse al país a una era post tribal. Antes de eso, debe caer un búnker.






Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su último libro es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.
Fuente:http://www.rebelion.org/noticia.phpid=123293



martes, 15 de febrero de 2011

“Un paso significativo adelante para los movimientos sociales africanos"

El Foro Social de este año ha sido una oportunidad para hacer visible, a nivel mundial, los movimientos sociales africanos. Con la reciente victoria del pueblo egipcio puede empezar un ciclo de luchas en todo el continente africano.



Sergio Ferrari desde Dakar

Una multitudinaria movilización popular en la apertura el domingo 6 de febrero; la diversidad de centenas de talleres y asambleas temáticas; las mini-movilizaciones a favor de causas específicas a lo interno del recinto de la universidad capitalina Diop; y el clima festivo y al mismo tiempo reflexivo marcaron la tonalidad de la edición del Foro Social Mundial (FSM) de Dakar.

En la que sobresalieron tres grandes protagonistas: las mujeres con sus organizaciones y redes; los campesinos en su lucha contra el flagelo cada vez más asfixiante del acaparamiento de tierras; y, muy particularmente, los migrantes.

En síntesis, los encuentros de varios mundos en un mismo espacio. Signos todos de un Foro Social Mundial que a pesar de los problemas organizativos de arranque concluyó en alza este viernes 11. Y que excedió, a nivel de resultados, las perspectivas más optimistas de los coordinadores africanos.

“Significa una gran sorpresa para nosotros mismos, en particular por la movilización que ha engendrado y por la participación desbordante, que duplica nuestros cálculos iniciales que eran de entre 40 y 50 mil participantes”, subraya Taoufik Ben Abdallah, militante e intelectual tunecino que integra el Comité Africano de Organización.

Sin esconder en su balance la autocrítica por los “problemas organizativos graves del primer día” (ndr que paralizaron parcialmente las actividades al no haber aulas libres para realizarlas) y “por las fallas técnicas que en algunos casos no logramos superar totalmente”.

“Lo que mejor funcionó desde el inicio mismo fueron las aldeas internas (carpas) de las mujeres, los campesinos, los migrantes y sindicatos”. En síntesis, la parte impulsada por los movimientos sociales, quienes en la tarde del jueves 10 aprobaron la Declaración de Dakar, una radiografía-extracto de una parte importante de los debates de este Foro, de sus prioridades de movilizaciones futuras y de la agenda común de acción para 2011.

Si se trata de evaluar el impacto de la sesión de Dakar en la vida interna del proceso iniciado en Porto Alegre en 2001 - que celebra su primera década de existencia-, las pulsaciones vitales son de continuidad más que de cambios conceptuales bruscos.

“El FSM es un espacio abierto. No nos proponemos reunir a todos los actores participantes para imponerles una voluntad política única. Una declaración final en vez de abrir el espacio arriesgaría dividirlo, debilitarlo…Lo que no impide que los movimientos, redes y campañas que trabajan juntos puedan producir sus propias declaraciones comunes, como ha sucedido en ediciones anteriores” enfatiza Taoufik Ben Abdallah.

El FSM de Dakar y África

Los levantamientos populares en Túnez y Egipto de las últimas semanas estuvieron omnipresentes en los debates del FSM. “Es una coyuntura política que no se veía desde años. Son países del África, son naciones árabes…y lo que se vive allí tiene un impacto directo en todo el continente y en el mundo árabe”, explica el intelectual senegalés Demba Moussa Dembélé, director del Foro Africano de Alternativas y también miembro del Comité Africano de Organización.

“Muchos otros presidentes de Estados africanos hoy están temblando al ver lo que pasa allí. Y el mensaje es claro: los pueblos siempre tienen la última palabra”, enfatiza Moussa Dembélé. Quien no duda que lo que acaba de vivirse en Dakar, “significará un aporte directo a la consolidación de los movimientos sociales africanos”.

La mayoría de los cuales –sigue reflexionando- están representados dentro del Foro Social Africano (FSA), y llegaron a Dakar con sus programas y reivindicaciones propias de luchas específicas en sus países y regiones.

“Será una de las tareas del FSA, que federa la mayoría de esos movimientos, una vez concluida la cita de Dakar, ver como sistematiza las ideas, propuestas y campañas, para pensar como se refuerzan donde ya están presentes. Y sobre todo cómo extender el concepto del Foro en aquellos países o regiones del continente donde su inserción es aún débil”.

Los objetivos en el marco de este largo proceso de acumulación de fuerzas son dos según Moussa Dembélé: reforzar la fuerza de los movimientos para articular sus propias reivindicaciones a favor de la población africana y aumentar su capacidad de interlocución con el poder público en todo el continente”.

Para el intelectual senegalés, “el gran debate que se dio en este FSM, tocó los temas esenciales de los desafíos torales que confronta África y el mundo. Pudimos poner sobre la mesa las preguntas de fondo que atraviesan al continente: la temática agraria, la soberanía alimentaria, los recursos naturales, la nueva democracia, la soberanía de los pueblos, la crisis profunda del capitalismo”.

En ese sentido la edición de Dakar, “aportó una reflexión seria y profunda más allá del componente de la protesta habitual de los movimientos sociales contra la guerra, contra el cambio climático, contra las crisis financieras y el acaparamiento de tierras”.

En Dakar, “África afirmó su conciencia. Lo habíamos soñado y lo ratificamos como un logro: que esta edición marque una etapa mayor en el desarrollo del movimiento social africano y, de igual forma, del movimiento altermundialista mundial”.

Para Moussa Dembélé, “Dakar marca una ruptura y una nueva etapa. Ruptura con respecto al acento puesto en la protesta y en la separación que se vive a veces entre los movimientos sociales y el mundo político”.

Los cambios en América Latina son posibles “por la aproximación estrecha entre esos movimientos y el poder político. La reflexión del debate de Dakar nos lleva a pensar que todo cambio de sociedad implica tanto a los movimientos sociales como al mundo político. Y exige una nueva voluntad política común”, concluye.

lunes, 14 de febrero de 2011

"En Europa hay condiciones objetivas para que haya revueltas también"

Las revueltas árabes demuestran que la participación política sigue viva y no en la vieja Europa. Con la excepción de Grecia e Islandia, los pueblos del viejo continente tenemos "revueltas" pendientes. En esta entrevista al profesor de Antropología de la Universitat de les Illes Balears Alexandre Miquel, salen a la luz interesantes reflexiones sobre influencias y aprendizajes de orilla a orilla del mediterráneo.



MAR FERRAGUT Diario de Mallorca

Lo que está pasando en el sur es "pura modernidad". Y el trabajo de los antropólogos es "estudiar la modernidad, la realidad compleja". Con lo que no es de extrañar que Alexandre Miquel, profesor de antropología de la Universitat, siga al minuto todo lo que está pasando en Egipto y las protestas que se inician en otros países del Magreb. Ha hecho proyectos con Marruecos, ha estudiado el Mediterráneo occidental y entre sus líneas de investigación están la ciudadanía y el cambio social.

—¿Sin crisis no hubiera pasado nada?
—Exacto. No sólo lo que pasa en el Magreb; Jordania; Siria en menor medida; en el Líbano por otras razones... Desde Mauritania, Sudán, Iraq, donde tienen otro problema más grave... Está pasando lo que muchos estábamos esperando. La periferia geográfica de la crisis ha explotado. Y yo espero que esta explosión también nos llegue. Los que están organizando todo son los sindicatos, los movimientos islámicos se están enganchando a un proceso que llevan los jóvenes, los sistemas de comunicación (Facebook, Twitter...) y la razón fundamental es económica. Estos países eran emisores regionales e internacionales de fuerza de trabajo. La crisis les ha afectado. Mucha de esta gente ha dejado de emigrar y mucha ha vuelto. Las remesas han desaparecido y los que vuelven vuelven como parados. Se incrementan los sátrapas que como Hassán II decían: "No quiero que las leyes europeas de inmigración favorezcan la integración porque me viene perfecto como distribuidor de la miseria". Yo envío parados y desahogo la olla a presión de aquí y además como están muy ligados a su país envían dinero. Luego vuelven y otros se van. Y esto ha explotado porque ya no hay salida. En Túnez todo se montó por los sindicatos, ya que las razones fueron económicas, de clase. No es una cuestión cultural, eso es una falacia para no fijarse en las razones reales. En Egipto el sindicalismo fue destruido y no tienen el mismo margen de maniobra. En medio de todo está Al Yazira, que es increíble, el único medio a través del que nos enteramos de las cifras de muertos, y que sirve además como elemento regional de vinculación. Hay una corriente de contagio.

– ¿Hasta dónde se extenderá?
– Son protestas espontáneas hasta cierto punto, pero hay un discurso político, social y económico muy claro. Y ese discurso es compartido por todos los subalternos por el mundo y por eso tiene posibilidades de extenderse. En Arabia Saudí hay manifestaciones y nunca las había habido.

—¿Qué papel tiene la religión en esta protesta?
– Lo de los Hermanos Musulmanes es una de las asociaciones más importantes que ha habido desde los años 20 y ha tenido elementos progresistas, relativamente, porque ya sabemos que son partidos religiosos. Pero el Egipto moderno de hoy no se puede entender sin las diferentes facciones de los Hermanos Musulmanes, que no han sido los que han empezado la protesta, ellos se han subido al carro. Hay que entender que el islamismo salafita, aquel que se inventa un pasado, como el de Al Andalus, y lo transporta al futuro, ése es minoritario. Todos los procesos de independencia del Magreb y Oriente Medio vienen del nacionalismo laico. No podían ignorar un ambiente general islámico, pero nunca lo habían reivindicado. El islamismo salafita es producto directo o indirecto del proceso de colonización y control de toda la región. El país más radical de islamismo es Arabia Saudi, que es el principal aliado, o Pakistán. Luego está el islamismo magrebí de Marrueco, que es tradicional, y es tolerante. Es el sunita sufí, que está mal visto hasta por los conservadores. Piensa que los escritores franceses e ingleses homosexuales se iban a Marruecos porque en sus países les tiraban piedras. Es una anécdota, pero aquí se ha montado toda una historia como excusa para apoyar regímenes antidemocráticos, represores y corruptos.

– ¿Qué deberían hacer EE UU y la Unión Europea?
– Si fuesen coherentes con toda su palabrería sobre la democracia inmediatamente deberían cortar relaciones diplomáticas con todos los sátrapas y corruptos. En el caso de Túnez es más fácil porque Ben Ali ha huido.

– ¿Qué consecuencias tendrán las revueltas para estos países y los de su entorno?
– Los procesos de revuelta se están alargando, lo que incrementa las malas condiciones de vida, no llegan a los productos de primera necesidad... El martes ya no había pan en Egipto y allí es el alimento básico. Hay empresas que cerrarán, el comercio exterior se resiente... Estos regímenes además siempre hacen lo mismo, es muy típico de los sátrapas árabes: abrir las puertas de las prisiones, organizan el caos, culpar a quien sea y agitar el fantasma del terrorismo. Otra consecuencia es que saldrá más gente de estos países. En Túnez han estado más de 15 días, en Egipto llevan siete; en Marruecos ahora han subvencionado cuatro cosas, pero la situación sigue igual. Y allí sí que hay sindicatos.

– ¿Cómo nos afectaría una revuelta en Marruecos?
– Hay más tradición de emigración, pero España no debería estar preocupada. Lo que está pasando allá abajo nos da ideas de cómo realmente se debería enfrentar la crisis. Lo que sucede allí nos repercute, pero tenemos que mirar para abajo, es una oportunidad. Claro que lo ideal sería no tener que hacerlo, porque las primeras víctimas de las revueltas son los que las hacen. Pero dan esperanza al mundo porque abren una brecha para que vuelva el auténtico pensamiento crítico.

– ¿Estas protestas no tendrían porqué ligarse al mundo árabe?
– Naturalmente hay vínculos culturales. Pero en Europa hay condiciones objetivas para que haya revueltas también. Mira en Grecia. No hace falta que busquemos orientalismos. Las relaciones sociales y las situaciones son las mismas. La intensidad no es la misma que allá abajo, pero aquí también hay mala gestión y mala organización, la corrupción, la falta de transparencia democrática, la pérdida de calidad de vida democrática y del papel de la ciudadanía... Y las distancias sociales que se incrementan. Recordemos que son los sindicatos los que han empezado todo.

– ¿En el norte la gente está más resignada?
– Los sindicatos aquí han perdido, se han deslocalizado, muchos se han olvidado de la calle, pero siguen siendo la base de todo. La gente aquí está más dormida. Hay un elemento diferencial. En las sociedades europeas ha habido una
fragmentación, los movimientos han sido sustituidos por ONGS, y aunque yo respete mucho a algunas, no son lo mismo. El tipo de trabajo que tenemos también influye, la gente no comparte espacios; el espíritu de afiliación, participación y colaboración ya no funciona; la gente está más individualizada. Allí hay además un sentimiento regional, esto de ´mira lo que han hecho nuestros hermanos de Túnez´, las manifestaciones en Marruecos de apoyo a los egipcios... Esto en Europa no está. A Portugal, España, Irlanda y Grecia nos llaman los PIGS, y dicen que arrastramos al continente. Además, hay presencialismo a veces no se mira al futuro. Eso nos falla aquí en comparación con el sur. Y allí además la política está vivísima. En Europa se mantiene algo en Francia.

– ¿Es una oportunidad para las mujeres en estos países?
– Sin duda, es su gran oportunidad. Si ves las imágenes, las mujeres están allí en medio, con o sin yihad. Hay movimientos islámicos moderados con mujeres y en Marruecos hay movimientos de mujeres muy interesantes, que se movilizan. Hace tres años, en las elecciones municipales se obligó por ley a que el 20% de las listas fueran mujeres. Y los partidos las ponían al final. Pero las mujeres dijeron que no querían participar en eso, diciendo 'nosotras somos las auténticas cabezas de familia'.

Fuente: http://www.diariodemallorca.es/mallorca/2011/02/04/revuelta-gran-oportunidad-mujer-paises-arabes/642388.html

Las mujeres en las revueltas árabes

Las revueltas vistas desde la distancia y los medios de comunicación no són lo que parecen. Muchas veces esconden realidades significativas que és importante remarcar. La mujer ha estado presente en las revuletas de los paises árabes y, según muchos conocedores de esos paises la situación actual es una oportunidad para estas. A continuación un articulo de Emad Mekay pone ejemplos de esta preséncia


La joven egipcia Asmaa Mahfouz en apenas dos semanas salió del anonimato y sumó tres modos distintos de identificarla. Ahora es conocida como “la mujer que vale por 100 hombres”, “líder de la revolución” o “la muchacha que aplastó a Mubarak”.Mahfouz, autora de este video, tiene 26 años y comenzó a participar en política en 2008. Fue uno de los rostros más visibles del creciente grupo de mujeres que se han puesto al frente de las protestas en favor de la democracia que sacuden a varios países árabes. La joven divulgó este video en Youtube a mediados de enero en el que urgió a “todos los jóvenes, hombres y mujeres” a dejar sus computadores y salir a las calles de Egipto a protestar por el brutal gobierno corrupto de Mubarak, de 82 años.


“Soy una mujer, voy a salir el 25 de enero y no le temo a la policía”, anunció Mahfouz días antes del estallido. “Para los hombres que alardean de dureza, ¿cuáles son los motivos por los que no vendrán con nosotros a protestar?”. Su mensaje resonó “más allá de los más osados sueños”.

El vídeo de cuatro minutos y 30 segundos circuló por Internet entre los activistas, fue compartido por blogs y otros sitios de Internet. Los jóvenes se lo reenviaron a través de sus

“Esperaba que se juntaran unas 10.000 personas como mucho, pero después que la policía se retiró y se desmoronó, me di cuenta que nuestro día de protesta se había convertido en una revolución popular”, dijo Mahfouz en una página de la red social Facebook, creada por sus seguidores. “Mi familia se preocupada y me decían que las mujeres no son lo suficientemente fuertes para ese tipo de enfrentamientos”, relató. “Pero ahora están muy orgullosos de mí. Yo sabía que si tenía miedo y todo el mundo tenía miedo, este país estaría definitivamente perdido”, apuntó.

Las palabras de Mahfouz resonaron por todo el país y la región. “Asmaa fue sincera, le salió del corazón”, escribió Reem Jalifa, columnista de Alwasat, periódico de Bahrein. “Sus palabras se convirtieron en un tsunami que arrasaba con el despotismo, la tiranía y la injusticia”, añadió.

Asmaa Mahfouz es una de las millones de mujeres en el frente de lucha en Egipto y otros países árabes. Mujeres con palos y barras de metal patrullaban las calles de El Cairo con sus compañeros en los días en que hubo actos vandálicos y saqueos tras el desplome de la policía. Las madres de varias personas que murieron los primeros días de la movilización se negaron a recibir condolencias y a realizar ceremonias hasta que la revolución logre su principal objetivo de poner fin al régimen de Mubarak. La madre de Khaled Said, un ciberactivista que murió el año pasado tras una golpiza propinada por oficiales de la policía en Alejandría, se

Lina Ben Mehenni


unió a las protestas en la plaza Tahrir y urgió a los manifestantes a que no renunciaran hasta que Mubarak se fuera.

Las mujeres han estado al frente de la revuelta en la plaza Tahrir y otros lugares en una sociedad que las mantiene relegadas. Muchas de ellas se ofrecieron para cachear a otras activistas ante la posibilidad de que el régimen intentara ingresar armas para usarlas contra los manifestantes. En Túnez, la defensora de derechos humanos y bloguera Lina Ben Mehenni fue la primera en alentar a manifestarse a principios de diciembre a través de la red social Twitter y blogs, pese a las amenazas de la policía.

La activista Tawakul Karman canta eslóganes para que el presidente Ali Abdullah Saleh abandone el gobierno, el 22 de enero (Hani Mohammed / AP)


La madre de Mohammad Bouazizi, el joven vendedor ambulante que se inmoló dando pie al inicio de la revuelta tunecia a mediados de diciembre, también hizo su parte reclamando un cambio. Sus lágrimas sinceras y deseos de justicia impulsaron a cientos de miles de tunecinos impacientes que terminaron por expulsar al presidente Zine el Abidine Ben Ali.

En Yemen, otro país sacudido por grandes protestas contra el gobierno, la activista Tawakul Abdel-Salam Karman estuvo al frente de la movilización. Fue la detención de Karman, de 30 años, por el régimen del presidente Ali Abdullah Saleh que comenzaron las protestas que pusieron en riesgo su estabilidad. Ahora en libertad, la joven sigue siendo una de las mayores críticas del gobierno. “El mundo árabe se levanta contra las dictaduras”, dijo a IPS Magda Adly, del Centro de Rehabilitación de Víctimas de Violencia El Nadim, en El Cairo. “Por eso vemos mujeres, islamistas o no, con velo o sin él, uniéndose y ubicándose en el frente de lo que pasa en la calle. Esa es la verdadera igualdad y nunca volveremos al punto de partida“, añadió.

Fuente: http://periodismohumano.com/mujer/las-mujeres-en-las-revueltas-arabes.html

jueves, 10 de febrero de 2011

Llamamiento de intelectuales árabes en solidaridad con el pueblo egipcio y el resto de pueblos árabes en su lucha por la libertad

Este es un manifiesto que se ha realizado en los paises árabes en apoyo a las manifestaciones y revuletas que se estan dando. Seguiremos atentos a lo que suceda en esa parte del mundo con todas nuestras esperanzas puestas en el pueblo.

Expresamos, en primer lugar, nuestra inmensa gratitud hacia el pueblo tunecino que ha sido, sin lugar a dudas, el precursor de una nueva era de las luces en nuestros países, la del renacimiento ciudadano. Expresamos también con rotundidad nuestro apoyo al pueblo egipcio en su lucha decisiva contra la tiranía y por la instauración de la democracia. Nos inclinamos ante aquellas y aquellos que han dado su vida para que se realice el sueño confiscado en nuestros países desde hace decenios, el de unas sociedades más justas y más humanas, regidas por las reglas del Estado de Derecho, universalmente establecidas: soberanía popular en la elección de nuestros representantes y gobernantes, separación de poderes, igualdad ante la ley, redistribución equitativa de las riquezas, erradicación de la corrupción y garantía de las libertades individuales y colectivas, incluidas las libertades de opinión y creencia.
Lo decimos alto y fuerte, ningún país árabe puede ya sustraerse a este movimiento incontenible que se ha adjudicado claramente la tarea de poner fin al reinado de la arbitrariedad. El amanecer que se ha iniciado en el mundo árabe tiene ahora el color de la dignidad recuperada y de la libertad. Por todas partes, los pueblos han tomado nota de ello. Llamamos, pues, a los intelectuales donde quiera que se encuentren a que expresen su solidaridad con las aspiraciones de los pueblos árabes, en particular del pueblo egipcio, en esta fase crítica. Llamamos, finalmente, a todas las instancias de la Comunidad Internacional a que se pongan del lado de los luchadores por la libertad, denunciando la represión salvaje de la que están siendo víctimas y reconociendo sin ambages la legitimidad de las aspiraciones de nuestros pueblos a liberarse del yugo de la opresión y construir la democracia.

Primeros firmantes:


Adonis, escritor (Líbano)

Abdellatif Laâbi, escritor (Marruecos)


Khalida Saïd, crítica literaria (Líbano)


Issa Makhlouf, escritor (Líbano)


Amin Maalouf, escritor (Líbano)


Kamal Boullata, pintor (Palestina)


Tahar Ben Jelloun, escritor (Marruecos)


Salah Stétié, escritor (Líbano)


Mohammed Berrada, escritor (Marruecos)


Mohammed Bennis, poeta (Marruecos)


Qassim Haddad, escritor (Bahrein)


Abdessalam Cheddadi, historiador (Marruecos)


Jabbar Yassin, escritor (Irak)


Anouar Benmalek, escritor (Argelia)


Aicha Arnaout, poeta (Siria)


Zouleikha Abu Richa, escritora (Jordania)


Joumana Haddad, escritora (Líbano)


Khalid Darwish, escritor (Palestina)


Yassin Adnan, escritor (Marruecos)


Mahi Binebine, pintor (Marruecos)


Amin Salih, escritor (Bahrein)


Fouad Laroui, escritor (Marruecos)


Ahmed El Maanouni, cineasta (Marruecos)


Karim Bennani, pintor (Marruecos)


Najwan Darwish, escritor, periodista (Palestina)


Mohammed Tozy, sociólogo (Marruecos)


Nasser Soumi, pintor (Palestina)


Amina Saïd, poeta (Túnez)


Mohammed Hmoudane, escritor (Marruecos)


Abdelkader Lagtaa, cineasta (Marruecos)


Siham Benchekroun, escritora (Marruecos)


Bouthaïna Azami, escritora (Marruecos)


Driss Allouch, escritor, periodista (Marruecos)


Hicham Fahmi, escritor (Marruecos)


Abdelhadi Saïd, escritor (Marruecos)


Dominique Eddé, periodista (Líbano)


Driss Chouika, cineasta (Marruecos)


Farida Benlyazid, cineasta (Marruecos)


Vénus Khoury-Ghata, escritora (Líbano)


Etel Adnan, escritora (Líbano)


Gérard Khoury, historiador (Líbano)


Nabil Abi Chacra, Forum cultural libanés (Líbano)


Jamal Boudouma, escritor (Marruecos)


Simone Fattal, escultor (Líbano)


Nabil El Azan, director de teatro (Líbano)


Abderrahman Djelfaoui, escritor (Argelia)


Habib Tengour, escritor (Argelia)


Abderrahim Yamou, pintor (Marruecos)


Habib Samrakandi, profesor de Universidad (Marruecos)


Driss Ksikes, escritor (Marruecos)


Mohammed Nedali, escritor (Marruecos)


Abdellatif Bazi, periodista (Marruecos)


Nadir Boumaza, profesor de Universidad (Argelia)


Salah Boussrif, poeta (Marruecos)


Habib Selmi, escritor, periodista (Túnez)


Saïd Boukrami, escritor (Marruecos)


Faraj Bayrakdar, escritor (Siria)


Salah Guemriche, escritor (Argelia)


Sabah Kharrat Zouein, escritora (Líbano)


Abdallah Saaf, profesor de Universidad (Marruecos)


Ahmed Bouzfour, escritor (Marruecos)


Noureddine Saadi, escritor (Argelia)



Adhesiones:


Luis García Montero, poeta (Madrid, España)

Clara Janés, poeta (Madrid, España)

Bernabé López García, profesor de Universidad (Madrid, España)

Inmaculada Jiménez Morell, editora (Madrid, España)

María Rosa de Madariaga, historiadora (Madrid, España)

Nieves Paradela, profesora de Universidad (Madrid, España)

Santiago Alba Rico, escritor (Madrid, España)

Salvador Peña, profesor de Universidad (Málaga, España)

Fernando García Burillo, editor (Madrid, España)

Maria-Àngels Roque, antropóloga (Barcelona, España)

O. Sylvia Oussedik Mas, escritora (Barcelona, España)

Ignacio Gutiérrez de Terán, profesor de Universidad (Madrid, España)


Consuelo Delgado, editora (España)

José Delicado, editor (España)

Waleed Saleh, profesor de Universidad (Madrid, España)

Alejandro Luque, escritor y periodista (Sevilla, España)

Teresa Agustín, poeta (Madrid, España)

Nicolás Sartorius, abogado y escritor (Madrid, España)

Marian Izaguirre, escritora (Madrid, España)

martes, 1 de febrero de 2011

Egipto: Grandes cambios se avecinan en el mundo árabe

Después de Túnez, ahora es Egipto quien vive días de revuelta. Una revuelta contra la miseria y el autoritarismo que va tomando cuerpo día a día. Este articulo de Itzea Goikolea, en el periódico Gara, titulado Los cambios de Mubarak no satisfacen al pueblo egipcio hace un "mapa" de la sociedad egipcia y de sus aspiraciones.

Aseguran las estadísticas que el PNB (Producto Nacional Bruto) egipcio es el trigésimo sexto más alto en el mundo, por delante de la República Checa, Israel, Malasia o Nigeria. A través del canal de Suez anualmente circula hasta un 7,5% del comercio mundial. Y también es el destino de turistas que acuden desde todos los puntos del planeta para disfrutar de la variedad de posibilidades que brinda este país: cultura milenaria, sol y playa, tranquilidad en el desierto y los oasis.

Sin embargo, la realidad es otra: de los más de 80 millones de habitantes con los que cuenta Egipto en la actualidad, 50 millones son pobres -2,5 millones viven en situación de extrema pobreza- y 12 millones no tienen hogar. Alrededor de tres millones de jóvenes están desempleados. Tiene una alta tasa de mortalidad infantil; aproximadamente la mitad de las niñas y niños son anémicos; y alrededor de ocho millones de personas tienen VIH. Cada año se diagnostican unos 100.000 enfermos de cáncer debido a la contaminación del aire y del agua.

Otro gravísimo problema, causa y consecuencia de la penosa situación, es la corrupción sistemática que todo lo abarca y que trasciende lo gubernamental, que mueve, según distintos estudios, hasta un total de cinco mil millones de euros al año.

La Ley de Emergencia -en vigor desde 1981, año en el que comenzó el mandato de Mubarak- ha permitido que cientos de ciudadanos hayan sido y sean torturados y detenidos sin justificación alguna.

Las elecciones son una gran obra de teatro de cara a la opinión pública internacional: Hosni Mubarak lleva casi tres décadas en el poder y el Partido Nacional Democrático que él dirige volvió a ganar las legislativas del pasado noviembre en medio de numerosas denuncias de fraude presentadas por asociaciones, ONG y representantes de otras formaciones políticas, a quienes, junto con los observadores internacionales, se les negó la entrada a los centros de votación. La población lo sabe, lo asume, y actúa en consecuencia: la mayoría no vota, excepto si pretende sacar unas monedas a cambio de su voto.

Al mismo tiempo, Egipto ha sido, y sigue siéndolo hoy, un referente cultural sin igual para todo el mundo árabe. Los egipcios llaman al país Omm el Dunya (La madre del mundo). Por ejemplo, desde los años 20 del siglo pasado, desarrolló una activa industria cinematográfica que llegó a convertirse en el segundo producto de exportación tras el algodón. En el ámbito musical, destacan Umm Kulthum, cuya música se escucha todavía hoy en muchos cafés de todo el mundo árabe, con sus «canciones largas» de más de 50 minutos; Asmahan y Farida Fahmi, precursora de la danza del vientre; o Said Darwish, autor del himno de Egipto, Abdel Wahab y Farid al-Atrash. Egipto también destacó en la producción de series televisivas que llegaban a todos los hogares árabes, convirtiendo al egipcio en el dialecto comodín usado entre árabes de diferentes países. La Nahda o Renacimiento literario árabe tuvo su origen aquí a mediados del siglo XX. También es egipcio el Nobel de Literatura Naguib Mahfouz.

Hace unos meses tuve la oportunidad de conocer en El Cairo a Fermin Muguruza. Acababa de iniciar un nuevo proyecto para Al-Jazeera que consiste en el rodaje de once capítulos sobre música árabe. Empezaba por Egipto y tenía la intención de continuar por Túnez, Marruecos, Argelia, Líbano, Siria, Sudán y el Golfo. Cuando le pregunté por qué había elegido Egipto como punto de partida, me respondió que este país siempre había sido un referente musical para todos los árabes y que «en Palestina y en todos los países árabes que he visitado escuchábamos a Umm Kulthum; su historia me apasiona, ese poderío, esa manera de romper los estereotipos de la mujer en los países árabes; a ella se la denomina como la `cuarta pirámide de Egipto'; entonces, me obsesioné mucho con la vida de esta mujer...». Y decidió empezar por ahí.

Egipto también alberga un importantísimo referente académico y religioso: la mezquita-universidad de el-Azhar. En el corazón del barrio islámico cairota, fue fundada en 975 y es una de las más antiguas del mundo con funcionamiento continuado.

Pero, con el paso del tiempo, la madre de los países árabes, líder y carismática, pro- ductora y exportadora de cultura, ha ido sumiéndose en una decadencia gradual. Y podría decirse que esa degradación cultural e intelectual es una de las consecuencias del retroceso político, religioso y social de las últimas décadas.

Antecedentes cercanos

A principios del año pasado, cuando ya se debatía sobre el futuro político del país y la posible designación como sucesor del hijo del actual presidente, Gamal Mubarak, apareció en escena un nuevo personaje: Mohamed El-Baradei, el ex presidente de la Agencia Internacional de Energía Atómica y premio Nobel de la Paz, originario de Egipto aunque alejado del mismo durante muchos años.

Este abogado y diplomático recibió durante meses mensajes de jóvenes egipcios por la red social Facebook que le apelaban a volver para liderar un cambio en el país. Y volvió. Una multitud lo acogió en el aeropuerto en febrero de 2010. Se reunieron firmas para poder cambiar la Constitución que impedía a El-Baradei presentarse a las elecciones presidenciales de 2011 por no formar parte de un partido ya consolidado. Impulsó, junto con el grupo de intelectuales que le apoyaban, la Asamblea Nacional por el Cambio y la Reforma. Ésta recibió el apoyo de toda la oposición, incluyendo al jefe del bloque parlamentario de los Hermanos Musulmanes. Y acompañada de otros movimientos de la sociedad civil, como el del Seis de Abril o el Kefaya, se fueron organizando movilizaciones en las calles y en las redes sociales.

La represión gubernamental fue contundente. Un grupo de trabajadores se plantó durante días frente al Parlamento y, en junio, un nuevo escándalo salpicó a las fuerzas policiales, acusadas de asesinar a un joven de 28 años llamado Jaled Said. Las protestas por su muerte se sucedieron, sobre todo en su ciudad natal, Alejandría, y la página de Facebook creada en su honor, We are all Khaled Said (Todos somos Jaled Saíd), pasó rápidamente a tener más de 400.000 seguidores.

Todo apuntaba a que Egipto estaba sediento de un gran cambio, pero no se vislumbraba en el horizonte ninguna chispa que permitiera forzar realmente las tan esperadas reformas. Entonces llegó la revolución popular en Túnez.

El primer día de la ira

Contagiados por lo sucedido en Túnez, los egipcios convocaron a través de Facebook una manifestación para las 12.30 del pasado martes, 25 de enero. En pocas horas superaron 60.000 adhesiones. Las peticiones eran simples y concisas: atajar el problema de la pobreza; eliminar la Ley de Emergencia; que el ministro del Interior, Habib el Adly, presentara su dimisión; y limitar los mandatos presidenciales a dos sucesivos.

A la hora prevista del inicio de las movilizaciones, la céntrica plaza cairota de Tahrir (Liberación) estaba completamente vacía. Era una imagen de lo más insólita, ya que normalmente, y más en un día festivo como aquel -se celebraba la fiesta de las fuerzas policiales-, suele estar abarrotada de gente, puestitos y coches. En ese momento, en varios puntos de la capital, los manifestantes empezaban su recorrido. La Policía intentó bloquearles el paso, pero la muchedumbre logró sobrepasar la barrera. Las diferentes columnas, que sumaban cerca de 10.000 personas, se reunieron en Tahrir hacia las 16.00.

Hubo ciudadanos que lograron acceder a la calle del Parlamento. La Policía empezó a lanzar chorros de agua y gases lacrimógenos. En esa calle, Qasr el-Aini, se fotografió a un joven enfrentándose a un tanque que disparaba agua a presión; el joven se quedó quieto, solo en medio de la calle y en la dirección en la que iba el tanque, hasta que éste tuvo que parar. Esta imagen ha sido comparada con las de las protestas de 1989 en la plaza de Tiananmen, en Beijing.

No obstante, las primeras horas de la concentración en la plaza fueron tranquilas. Los manifestantes eran muy heterogéneos (familias con sus hijos, parejas, personas mayores, mujeres con niqab, hombres con traje, chaqueta y maletín, y sobre todo jóvenes), integrantes de la clase media-alta e intelectuales. No eran, desde luego, quienes padecen las peores condiciones de vida; más bien pertenecen a la minoría más privilegiada, que, aun así, está harta de la situación en la que se encuentra Egipto. Por eso gritaban: «¡Libertad, libertad!».

En un país nada acostumbrado a las manifestaciones, incluso las clases más concienciadas no podían creer que por fin se habían decidido a salir a la calle. Habían superado el miedo que este tipo de dictaduras imponen y estaban haciendo uso de su legítimo derecho a protestar contra las injusticias soportadas durante demasiado tiempo.

Pasadas unas horas, los puestos de comida y restaurantes del centro empezaron a regalar a los manifestantes bolsas de comida. Algunos voluntarios repartían botellas de agua y hogazas de pan. También se les repartían a los policías. Se hizo una recolecta de dinero para comprar más víveres.

Los mensajes de Twitter, Facebook y los blogs fueron relatando el curso de las protestas y animando la participación de mucha gente. Llegaron a ser entre 15.000 y 20.000 personas. Entonces se bloquearon las líneas telefónicas, las locales y las internacionales, y también Twitter. Sin embargo, enseguida se encontró una alternativa para ver y twittear a través de Google.

El Gobierno decidió que había que dispersar a todos los presentes en la plaza. Obstruyeron todas las salidas, colocando camiones policiales e incluso ambulancias. La Policía cargó con gases y balines. Pese a ello, hubo quien vio a manifestantes y policías dialogar. Al parecer los primeros apelaban a los agentes a unirse a ellos, ya que al fin y al cabo también son víctimas de la misma represión, falta de libertades y crisis económica. Les preguntaban cuánto cobraban: «¿¡Trescientas libras al mes!?» (unos 38 euros).

Los encontronazos duraron hasta la 1.30 o las 2.00 de la madrugada. Hubo detenidos, heridos y un policía muerto. Hubo concentraciones a lo largo y ancho del país: Asuán y Asyut, en el Alto Egipto; Mahalla e Ismailia, en el sur del delta del Nilo; en Rafah y otras localidades de la península del Sinaí; en Alejandría, donde se decretó un toque de queda; y en Suez, donde hubo dos muertos y se incendiaron dos edificios gubernamentales y la sede del partido de Mubarak.

Las redes sociales no sólo han sido el instrumento que se usó para organizar las movilizaciones, sino que también han jugado un papel importantísimo en la difusión a todo el mundo de noticias, vídeos y fotos. Incluso se sabía de los detenidos porque los familiares de éstos lo anunciaban en las páginas de Facebook.

Había coordinación. Se bautizaba el 25 de enero como «el día de la ira» o «el día de la revolución». Pronto surgieron los chistes que ironizaban con el hecho de que las protestas hubieran ocurrido en el día de las fuerzas policiales (el conocido sentido del humor egipcio no deja de sorprendernos).

La segunda cita

La mañana siguiente, el miércoles, la plaza de Tahrir y el resto de lugares donde había habido encontronazos amanecían como si nada hubiera pasado. La gente fue a trabajar; el tráfico, como siempre, fue enorme, y no se sabía lo que ocurriría en las siguientes horas. Las autoridades advirtieron de que la respuesta a posibles manifestaciones sería muy contundente. No obstante, miles de egipcios volvieron a salir a la calle para mantener las protestas contra el régimen de Mubarak. Al atardecer hubo una concentración en Nasser City, uno de los barrios de las afueras de El Cairo, cercano al palacio presidencial. La Policía no tardó en dispersarlos. Entrada la noche, los enfrentamientos se concentraron en el centro y fueron mucho más violentos que los de la jornada precedente. Los manifestantes volvieron a intentar conquistar la plaza de Tahrir al grito de «¡Ayer éramos todos tunecinos; hoy somos todos egipcios; mañana seremos todos libres!».

El balance de esos dos días fue de más de un millar de detenidos y de tres civiles y un policía muertos, según «El Masry el Youm», uno de los periódicos de la oposición más leídos. Varias organizaciones de derechos humanos denunciaron el uso de violencia por parte de la Policía contra los manifestantes y la tortura contra los detenidos.

La víspera

El día 27, la ciudad volvió a despertar tranquila. Jueves, víspera de fin de semana y de una jornada que nadie sospechaba que sería como luego resultó.

La comunidad internacional se pronunció con respecto a los enfrentamientos en las calles de Egipto. Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, el más fuerte y decisivo aliado de Egipto, instó a las autoridades egipcias a realizar reformas. Por su parte, Israel expresó su preocupación por el posible cambio en el Gobierno y el miedo de que los islamistas tomaran el control del poder en su máximo aliado en Oriente Próximo.

Durante este día no se registraron manifestaciones ni protestas como las de las jornadas anteriores. La gente se estaba preparando para lo que pudiera suceder al día siguiente.

La gran cita

El pueblo egipcio estaba convocado a salir a la calle tras la oración del mediodía del viernes -la más importante para los musulmanes, que conforman alrededor del 90% de la población de este país- para seguir reclamando un cambio radical del sistema. Durante toda la mañana las líneas telefónicas no funcionaron y, aunque hubo conexión a Internet en algunas zonas del país durante las primeras horas de la mañana, fue cortada dos o tres horas antes de la cita.

Esta vez las concentraciones y los manifestantes se diferenciaban mucho de la imagen del primer día en la plaza de Tahrir. La gente se agrupaba en todos los barrios cairotas de manera espontánea y reflejaba las diferencias intrínsecas a la sociedad egipcia: chicas veladas, chicos y hombres vestidos con sus chilabas, muchísimos jóvenes procedentes de todos los barrios, mujeres con niqab, hombres en traje... Todas y todos se sentían unidos por la misma causa y acudieron a la convocatoria sin la certeza de lo que ocurriría. Lo mismo sucedió en Alejandría, en Suez, Mansoura, Zaqazeq, Sharqiya, Damietta, Luxor, Ismailia, Port Said, el Fayoum y otras pequeñas localidades.

Estas protestas no han respondido a convocatorias de ningún partido político de la oposición ni de los Hermanos Musulmanes. El pueblo en su conjunto salió a la calle en un ejercicio del derecho de expresión contra las injusticias que sufre desde hace décadas. Una rapidísima reacción conjunta, inesperada y espontánea.

Los grupos fueron dirigiéndose hacia la plaza de Tahrir. Una de las manifestaciones más numerosas partió de la mezquita de el-Azhar.

Al transcurrir las horas, los enfrentamientos se multiplicaron y se hicieron más violentos. Los manifestantes eran mayoría contra la Policía. Ésta empezó a arrojarles piedras. No obstante, algunos lograron acceder a la plaza de Tahrir a primera hora de la tarde. Coincidiendo con la penúltima oración del día, los fieles protagonizaron una imagen insólita: colocados en dirección a La Meca, comenzaron a rezar al unísono. Las cámaras de Al-Jazeera se encontraban en la plaza y el corresponsal que hablaba en directo calificó la imagen de indescriptible. Sin embargo, poco después, se anunciaba por primera vez la existencia de víctimas mortales en la misma plaza. El corresponsal de Al Yazeera relataba que veía los cadáveres con sus propios ojos.

Las manifestaciones y los enfrentamientos se extendieron a muchísimas localidades. Fueron hechos históricos. Se registraron muertes en Mansoura, mientras que en Luxor las protestas fueron pacíficas. Suez se vio envuelto en gravísimos choques entre el pueblo y el Ejército. La segunda ciudad del país, Alejandría, presenció numerosas manifestaciones que después se convirtieron en batallas entre las fuerzas policiales y los ciudadanos; al final de la tarde se anunciaba la retirada de la Policía; el pueblo había derrotado a las fuerzas del régimen en Alejandría.

Mientras, la capital seguía sumida en el caos de los gases lacrimógenos, los disparos y los destrozos. Grupos de manifestantes se dirigieron a la sede del Partido Nacional Democrático, que prendió en llamas, igual que varios furgones y comisarías policiales.

Con la llegada de la noche, el Ejército salió a la calle. El pueblo lo recibió con cantos y aplausos. Y es que el Ejército, en el imaginario egipcio, simboliza protección y patriotismo. Los ciudadanos estaban convencidos de que, al contrario que la Policía, los militares no irían contra ellos. «El Ejército nos respeta, por eso les queremos», gritaba un joven ante las cámaras. Acto seguido, a las siete de la tarde, se decretó el toque de queda en todo el país. Sin embargo, el pueblo lo retó, y las protestas y el caos continuaron.

Como ya se había anunciado, el Gobierno había contratado a una gran cantidad de matones, algunos de los cuales sacó de las cárceles. Éstos suelen ir armados, destruyen todo lo que pueden y crean conflictos entre los manifestantes y las autoridades para que la violenta respuesta de las fuerzas del orden esté justificada. Así, empezaron a lanzar piedras y otros objetos al Museo Egipcio, situado en la plaza de Tahrir, así como a la sede de la televisión egipcia, no muy lejana de ésta.

Las cadenas emitían imágenes de manifestantes rompiendo y robando todo tipo de objetos, lo cual, para quienes conocen bien el carácter pacífico y tranquilo del pueblo egipcio, en principio parecía contradictorio con las peticiones de libertad, justicia y democracia. Poco después se supo que un grupo de manifestantes se había reunido y organizado ante el Museo Egipcio para evitar el destrozo. Porque los asaltantes eran matones contratados por el Gobierno y porque nadie -ni los egipcios residentes con los que ha podido contactar quien escribe este reportaje ni nadie que conozca Egipto con profundidad- creería que eran ciudadanos de a pie los que rompían y saqueaban símbolos tan importantes y respetados.

El régimen no se pronunció hasta la madrugada del sábado. A las 00.30, Hosni Mubarak apareció para comunicar que había pedido al Gobierno que dimitiera y que «habrá un nuevo Gobierno». El presidente aseguró que «la soberanía será devuelta al pueblo» por medio del «diálogo nacional». Los manifestantes que a esa hora todavía se encontraban en la plaza Tahrir estallaron en cólera al finalizar el discurso. «El pueblo quiere la caída del Gobierno», gritaban aún más convencidos.

Despertar en la confusión

La ya denominada «Revolución del pueblo egipcio» es la única revuelta popular de la historia contemporánea del país. La hasta ahora llamada «Revolución», que hace referencia al golpe de estado de Gamal Abdel Nasser en 1952, fue ampliamente respaldada por el pueblo pero no es comparable a la que ha estallado ahora.

Ayer, El Cairo despertaba confusa. En el centro se oían disparos. Hubo grupos de manifestantes que, insatisfechos con el discurso de Mubarak, decidieron aclarar su petición: «El pueblo quiere la caída del presidente». También las paredes y los muros de la capital aparecían repletas de pintadas en las que sobresalía una palabra: «¡Lárgate!». Al mediodía, en el centro de la capital egipcia se concentraban unos 50.000 manifestantes que no se daban por satisfechos con el resultado conseguido hasta el momento.

El futuro del país del Nilo todavía está por decidir. Es previsible que las protestas continúen, sobre todo después de que, con su último discurso, Hosni Mubarak expresara su intención de mantenerse en el poder.