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lunes, 5 de diciembre de 2011

El estado de gracia islamista

Fuertes cambios estan sacudiendo los paises árabes desde la primavera pasada. Ahora a sido el turno de convocar unas elecciones en Túnez, Egipto y Marruecos. Los partidos de corte islamico han triumfado en los 3 paises. En este articulo Jean-Pierre Filiu nos invita a analizar sin simplificaciones este nuevo escenario político...



Jean-Pierre Filiu | El País

La revolución árabe no ha hecho más que empezar y va a prolongarse todavía durante muchos años de un extremo a otro de esta región. Sin embargo, los éxitos electorales cosechados por las formaciones islamistas en Túnez, Marruecos y Egipto llevan a algunos a considerar que este capítulo está cerrado y que un otoño islamista ha sucedido ya a la primavera árabe. Nada sería más erróneo que caer en esta trampa intelectual, ya que el levantamiento democrático enterró la alternativa entre dictadura e islamismo, después de décadas en las que Ben Ali y Mubarak la martillearon para justificar su despotismo. En cuanto a los islamistas, saben que disponen de una ventana de oportunidad y van a tratar de sacar de ella los máximos beneficios, antes de que esta coyuntura favorable evolucione, quizás en su detrimento.

En Túnez, Ennahda ha logrado 89 escaños, de 217 posibles, en la Asamblea Constituyente (con un 36% de sufragios emitidos) y obtiene así la presidencia del Gobierno, dejando la de la Asamblea a un socialdemócrata y la de la República a un nacionalista. El Partido Justicia y Desarrollo (PJD), que obtiene 107 diputados de 385 posibles, con el 29% de los votos, consigue también el cargo de primer ministro en Marruecos. Los Hermanos Musulmanes egipcios ganan el 40% de los votos en la primera de las tres vueltas de las elecciones egipcias, sin juzgar de antemano el resultado de estas.

Nos encaminamos en todos los casos hacia unos Gobiernos de coalición, en los que los islamistas deberán alcanzar compromisos con formaciones laicas, nacionalistas o liberales. No hay que olvidar nunca que los Hermanos Musulmanes jordanos obtuvieron el 40% de los votos en 1989, en las primeras elecciones libres en un cuarto de siglo, pero los mediocres resultados de su Gobierno les hicieron perder los siguientes comicios.

En los tres países, los partidos islamistas no han hecho campaña con un programa islámico, sino con lemas de moralización de la vida política y de afirmación nacionalista. Sacan provecho de un voto heterogéneo, en el que el factor islamista no es necesariamente mayoritario, pero en el que se pueden encontrar dos aspiraciones contradictorias: la voluntad de ruptura con el antiguo régimen, por una parte, que ha beneficiado a formaciones que fueron el blanco de la represión de las dictaduras, y el deseo de normalización rápida, por otra, que ha beneficiado a un partido del orden, sobre todo en Egipto, donde los Hermanos Musulmanes se han distanciado de la protesta de la plaza de Tahrir. La heterogeneidad de este voto corresponde a la gran diversidad de tendencias en el seno de estos partidos, cuya disciplina interna, de tipo leninista, ha contenido hasta ahora. Pero Ennahda se muestra incapaz de celebrar un congreso desde su legalización y las tensiones entre los Hermanos Musulmanes son innumerables.

Las formaciones islamistas van a verse obligadas en todas partes a realizar un aprendizaje acelerado de pluralismo externo e interno, mientras que los años de represión, e incluso de clandestinidad, les han inculcado una cultura y una práctica del monolitismo. Además, las organizaciones con las que se niegan a trabajar —la Propuesta Popular (populista), en Túnez; Justicia y Caridad (aliado de los contestatarios del Movimiento del 20 de Febrero), en Marruecos, y los salafistas (muy conservadores en los temas sociales) en Egipto— las cuestionan por ese pluralismo. El juego se inicia en una escena política estructurada, por primera vez de forma clara, entre una mayoría y una oposición. Los vencedores de las elecciones de este otoño van a tener que demostrar su capacidad para gestionar los asuntos del país. La inclinación natural será más bien hacia la retórica patriótica que hacia la escalada religiosa. Y la intensidad de la crisis social podría, si no acortar esta hora islamista, sí al menos acabar muy rápido con su actual estado de gracia.

Jean-Pierre Filiu es catedrático de Ciencias Políticas (París) y autor de Las nueve vidas de Al Qaeda (Icaria).


Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2011/12/03/actualidad/1322944021_912317.html

Las 9 vidas de Al Qaeda (Icaria Editorial)

lunes, 14 de febrero de 2011

"En Europa hay condiciones objetivas para que haya revueltas también"

Las revueltas árabes demuestran que la participación política sigue viva y no en la vieja Europa. Con la excepción de Grecia e Islandia, los pueblos del viejo continente tenemos "revueltas" pendientes. En esta entrevista al profesor de Antropología de la Universitat de les Illes Balears Alexandre Miquel, salen a la luz interesantes reflexiones sobre influencias y aprendizajes de orilla a orilla del mediterráneo.



MAR FERRAGUT Diario de Mallorca

Lo que está pasando en el sur es "pura modernidad". Y el trabajo de los antropólogos es "estudiar la modernidad, la realidad compleja". Con lo que no es de extrañar que Alexandre Miquel, profesor de antropología de la Universitat, siga al minuto todo lo que está pasando en Egipto y las protestas que se inician en otros países del Magreb. Ha hecho proyectos con Marruecos, ha estudiado el Mediterráneo occidental y entre sus líneas de investigación están la ciudadanía y el cambio social.

—¿Sin crisis no hubiera pasado nada?
—Exacto. No sólo lo que pasa en el Magreb; Jordania; Siria en menor medida; en el Líbano por otras razones... Desde Mauritania, Sudán, Iraq, donde tienen otro problema más grave... Está pasando lo que muchos estábamos esperando. La periferia geográfica de la crisis ha explotado. Y yo espero que esta explosión también nos llegue. Los que están organizando todo son los sindicatos, los movimientos islámicos se están enganchando a un proceso que llevan los jóvenes, los sistemas de comunicación (Facebook, Twitter...) y la razón fundamental es económica. Estos países eran emisores regionales e internacionales de fuerza de trabajo. La crisis les ha afectado. Mucha de esta gente ha dejado de emigrar y mucha ha vuelto. Las remesas han desaparecido y los que vuelven vuelven como parados. Se incrementan los sátrapas que como Hassán II decían: "No quiero que las leyes europeas de inmigración favorezcan la integración porque me viene perfecto como distribuidor de la miseria". Yo envío parados y desahogo la olla a presión de aquí y además como están muy ligados a su país envían dinero. Luego vuelven y otros se van. Y esto ha explotado porque ya no hay salida. En Túnez todo se montó por los sindicatos, ya que las razones fueron económicas, de clase. No es una cuestión cultural, eso es una falacia para no fijarse en las razones reales. En Egipto el sindicalismo fue destruido y no tienen el mismo margen de maniobra. En medio de todo está Al Yazira, que es increíble, el único medio a través del que nos enteramos de las cifras de muertos, y que sirve además como elemento regional de vinculación. Hay una corriente de contagio.

– ¿Hasta dónde se extenderá?
– Son protestas espontáneas hasta cierto punto, pero hay un discurso político, social y económico muy claro. Y ese discurso es compartido por todos los subalternos por el mundo y por eso tiene posibilidades de extenderse. En Arabia Saudí hay manifestaciones y nunca las había habido.

—¿Qué papel tiene la religión en esta protesta?
– Lo de los Hermanos Musulmanes es una de las asociaciones más importantes que ha habido desde los años 20 y ha tenido elementos progresistas, relativamente, porque ya sabemos que son partidos religiosos. Pero el Egipto moderno de hoy no se puede entender sin las diferentes facciones de los Hermanos Musulmanes, que no han sido los que han empezado la protesta, ellos se han subido al carro. Hay que entender que el islamismo salafita, aquel que se inventa un pasado, como el de Al Andalus, y lo transporta al futuro, ése es minoritario. Todos los procesos de independencia del Magreb y Oriente Medio vienen del nacionalismo laico. No podían ignorar un ambiente general islámico, pero nunca lo habían reivindicado. El islamismo salafita es producto directo o indirecto del proceso de colonización y control de toda la región. El país más radical de islamismo es Arabia Saudi, que es el principal aliado, o Pakistán. Luego está el islamismo magrebí de Marrueco, que es tradicional, y es tolerante. Es el sunita sufí, que está mal visto hasta por los conservadores. Piensa que los escritores franceses e ingleses homosexuales se iban a Marruecos porque en sus países les tiraban piedras. Es una anécdota, pero aquí se ha montado toda una historia como excusa para apoyar regímenes antidemocráticos, represores y corruptos.

– ¿Qué deberían hacer EE UU y la Unión Europea?
– Si fuesen coherentes con toda su palabrería sobre la democracia inmediatamente deberían cortar relaciones diplomáticas con todos los sátrapas y corruptos. En el caso de Túnez es más fácil porque Ben Ali ha huido.

– ¿Qué consecuencias tendrán las revueltas para estos países y los de su entorno?
– Los procesos de revuelta se están alargando, lo que incrementa las malas condiciones de vida, no llegan a los productos de primera necesidad... El martes ya no había pan en Egipto y allí es el alimento básico. Hay empresas que cerrarán, el comercio exterior se resiente... Estos regímenes además siempre hacen lo mismo, es muy típico de los sátrapas árabes: abrir las puertas de las prisiones, organizan el caos, culpar a quien sea y agitar el fantasma del terrorismo. Otra consecuencia es que saldrá más gente de estos países. En Túnez han estado más de 15 días, en Egipto llevan siete; en Marruecos ahora han subvencionado cuatro cosas, pero la situación sigue igual. Y allí sí que hay sindicatos.

– ¿Cómo nos afectaría una revuelta en Marruecos?
– Hay más tradición de emigración, pero España no debería estar preocupada. Lo que está pasando allá abajo nos da ideas de cómo realmente se debería enfrentar la crisis. Lo que sucede allí nos repercute, pero tenemos que mirar para abajo, es una oportunidad. Claro que lo ideal sería no tener que hacerlo, porque las primeras víctimas de las revueltas son los que las hacen. Pero dan esperanza al mundo porque abren una brecha para que vuelva el auténtico pensamiento crítico.

– ¿Estas protestas no tendrían porqué ligarse al mundo árabe?
– Naturalmente hay vínculos culturales. Pero en Europa hay condiciones objetivas para que haya revueltas también. Mira en Grecia. No hace falta que busquemos orientalismos. Las relaciones sociales y las situaciones son las mismas. La intensidad no es la misma que allá abajo, pero aquí también hay mala gestión y mala organización, la corrupción, la falta de transparencia democrática, la pérdida de calidad de vida democrática y del papel de la ciudadanía... Y las distancias sociales que se incrementan. Recordemos que son los sindicatos los que han empezado todo.

– ¿En el norte la gente está más resignada?
– Los sindicatos aquí han perdido, se han deslocalizado, muchos se han olvidado de la calle, pero siguen siendo la base de todo. La gente aquí está más dormida. Hay un elemento diferencial. En las sociedades europeas ha habido una
fragmentación, los movimientos han sido sustituidos por ONGS, y aunque yo respete mucho a algunas, no son lo mismo. El tipo de trabajo que tenemos también influye, la gente no comparte espacios; el espíritu de afiliación, participación y colaboración ya no funciona; la gente está más individualizada. Allí hay además un sentimiento regional, esto de ´mira lo que han hecho nuestros hermanos de Túnez´, las manifestaciones en Marruecos de apoyo a los egipcios... Esto en Europa no está. A Portugal, España, Irlanda y Grecia nos llaman los PIGS, y dicen que arrastramos al continente. Además, hay presencialismo a veces no se mira al futuro. Eso nos falla aquí en comparación con el sur. Y allí además la política está vivísima. En Europa se mantiene algo en Francia.

– ¿Es una oportunidad para las mujeres en estos países?
– Sin duda, es su gran oportunidad. Si ves las imágenes, las mujeres están allí en medio, con o sin yihad. Hay movimientos islámicos moderados con mujeres y en Marruecos hay movimientos de mujeres muy interesantes, que se movilizan. Hace tres años, en las elecciones municipales se obligó por ley a que el 20% de las listas fueran mujeres. Y los partidos las ponían al final. Pero las mujeres dijeron que no querían participar en eso, diciendo 'nosotras somos las auténticas cabezas de familia'.

Fuente: http://www.diariodemallorca.es/mallorca/2011/02/04/revuelta-gran-oportunidad-mujer-paises-arabes/642388.html